Animal objeto de la historia.



Fue Luis XIV el que hizo destruir las "menagéries",  tan crueles, para crear el Museo de Historia Natural, diseñado por el famoso arquitecto Le Vau, sobre un espacio de 4 hectáreas. Se hallaba en Versalles y gracias al técnico, se crearon pequeñas "menagéries" para cada especie y empezó a funcionar una incipiente investigación científica sobre las especies.

Ya Aristóteles, Plinio el viejo y Leonardo da Vinci habían humanizado la conducta hacia el animal, imponiendo el estudio científico, aunque  muy burdo todavía.

En 1791, Bernardino de Saint Pierre, tras la Revolución francesa, puso  a los animales ex-reales de Versalles a disposición de los sabios, prohibiendo el acceso al público. En 1793, ya de forma oficial empezaron a nacer los
"museums".

Unos pocos años después un mandato judicial prohibió la exhibición que los titiriteros, magos o exhibidores hacían de los osos amaestrados, con la boca cerrada con un aparatoso bozal. Estos pasaron después a los circos como animales amaestrados pero el circo es una especie en vías de extinción.

Entretanto el público comenzaba a interesarse -hacia 1800- por las "bestias
salvajes" y se hicieron exhibiciones especiales de dos animales que han pasado a la historia, "la jirafa de Carlos X" que le había regalado y amaestrado el pachá de Egipto y el oso llamado "Martín". Como no había medios de transporte, ambos tuvieron que llegar a París a pie desde su país  de origen, pues el paso en barco desde Africa u otros puntos distantes hasta Marsella estaba vedado, excepto a gatos.

El interés por los animales creó los "parques de aclimatación". En Londres, Paris, Viena y Madrid comenzaron a exhibirse en esos parques canguros, llamas, antílopes, jirafas y cabras. El duque de Bedford creó en sus posesiones inglesas un parque salvaje.

Las sociedades zoológicas

 Hacia 1840, aunque fueron estudiadas en general y rechazadas las teorías de Charles Darwin, cesó en gran parte la crueldad gratuita del hombre hacia el animal aunque -hay que decirlo-  desde el siglo XIII, la catedral de Notre Dame de París tenía su propia "menagérie" dentro del recinto sagrado, en pésimas condiciones.

En 1826 abrió sus puertas en Londres  el primer parque zoológico con este nombre, que recibió en 1869 el primer gorila africano. Pronto imitaron a los ingleses en Amsterdam, Rotterdam, Amberes y Berlín. El "jardín de aclimatación" de París (1860) en el Bois de Boulogne, contribuyó a mitigar el hambre de los parisinos durante el sitio de París, en el curso de la guerra franco-prusiana (1870), en que los alemanes asediaron la capital de Francia. El "jardín" tuvo que recibir cientos de nuevos animales.

En los Estados Unidos, donde cazadores como Buffalo Bill mataban por igual bisontes que indios, hubo una primera reacción en 1872. Y muchos cazadores, despreciados por la sociedad, murieron como vagabundos en paro, tras exhibirse en circos europeos.

 Fue el pueblo el que presionó para que el parque nacional de Yellowstone fuera abierto a los animales que quedaban, porque el bisonte prácticamente quedó extinguido de las grandes praderas del Oeste norteamericano y si se ha salvado no es por la Casa Blanca, sino por naturalistas de otras partes.

El lobo que simbolizó desde lo más remoto y en el folklore internacional, el mal y la traición, llegó a ser perseguido en España por la Santa Inquisición y declarado dañino por la Ley de la Caza de las Cortes de 1902.

En la Primera Reunión Internacional para la Conservación del Lobo en Europa, celebrada en Estocolmo en 1973, algunos naturalistas trataron de plantear el tema  para salvar la especie en España, pero hay una gran polémica al respecto.

 El lobo parece que se sabe de memoria la ley de Darwin de la conservación de las especies, el más fuerte devora al más chico y es un superpredador por sus tácticas de caza y la elección de sus presas, rebaños de corderos, gamos, corzos y en invierno son intransigentes y se agrupan para sobrevivir a los cazadores. Hoy en día quedan muy pocos lobos en la península ibérica

Desde 1979 los naturalistas han tratado de imponerlos en los Pirineos, con gran disgusto de los pastores e incluso de los agricultores, pues cuando no encuentra carne come vegetales. Los ecologistas y los naturalistas  les defienden diciendo que evita la proliferación de los mustélidos como la comadreja y otros  que -a la larga- son más dañinos para la comunidad y la salud humana. Lo mismo va a ocurrir con los osos. 

En nuestro siglo y a partir de 1934, los gobiernos se vieron obligados a crear zoos bien mantenidos, aunque siempre zoos, reservas naturales y parques. Después de 1945, aparecieron los "safari-parks", los zoos privados, las marinas, siempre con la idea primitiva o seudohumanizada de que el reino animal es una "cosa" que puede ser manipulada por el hombre.


 Pero el animal "libre" también depende del hombre en dos sentidos: el que lo caza -por ejemplo hipopótamos  (porque el cuerno parece ser un poderoso afrodisíaco) o elefantes (por el marfil) y las mafias proliferan en todo el mundo y los  "braconniers"  forman verdaderas bandas de  guerrillas con fusiles de mirilla telescópica. 

Contra ellos están muchos gobiernos, sobre todo en Africa, porque esos y otros (más las aves exóticas) sirven bien para el turismo, y para el contrabando. Resulta en total que el hombre es mucho más salvaje que el animal.

Respecto a sociedades que protegen los animales domésticos, en mi entorno en el País Vasco, existe una recién creada entidad filantrópica que tiene su web en Internet por iniciativa de la Sociedad Protectora de Animales y el Refugio (Zuhaitzpe), WWW.enterat.com Darles refugio a perros y gatos abandonados, con la garantía de esas entidades, que puede suponer -para personas ancianas o enfermas -una gran compañía.  Y es ahí donde perros y gatos abandonados dejan de ser animales-objeto para ser quizá uno más de la familia, si no exageramos demasiado.

Lamentablemente el número de gatos y perros abandonados aumenta en toda Europa. En reportajes ulteriores seremos más explicitos.Hoy no hemos hecho sino trazar un perfil de una historia realmente apasionante.


Los más antiguos vestigios de civilización revelan la presencia de animales al lado de los hombres. Objeto de domesticación o de culto, instrumentos de poder o de lujo, los animales deben satisfacer las exigencias del hombre, por encima de toda consideración.

 El primer "zoo" (esto no es la historia de los zoos, o del mejor corral, si se quiere) fue creado por necesidades religiosas, cinegéticas y guerreras. En Egipto, la veneración de los dioses que adoptaban forma de animal creó un enjambre de animales cautivos cuyo guardián era el león sagrado de la Heliopolis, del que había que considerar hasta la descendencia.

En esa época los animales sagrados vivían bajo libertad vigilada, en fosos y patios, pero se les bañaba con esencias perfumadas, se les alimentaba mejor que a los esclavos y se les enterraba en vastas necrópolis, mejor dispuestas  que los cementerios.

También se trataba bien a los animales de caza (onzas, halcones y otros rapaces) y de guerra (leones, elefantes, tigres). Eran el símbolo exterior del poder y de la riqueza. Hay textos que hablan no de la jaula, sino de la "casa" de los leones. Acompañaban al César en sus viajes y siempre había que lamentar pérdidas humanas y animales en el trayecto.

La historia cuenta que cuando Alejandro el Grande llegó a Babilonia, hacia el año 331 (a. de C.), sus soldados masacraron  441 felinos, simplemente como signo de la derrota de sus enemigos Semiramis y el rey Assurbanipal. Pero los griegos jamás guardaron animales y no por piedad, sino por no seguir costumbres "paganas".

Los desfiles triunfales de la Roma antigua comprendían a los soldados enemigos y a los animales capturados en la guerra. En el  año 280 los romanos vieron por primera vez elefantes. Eran los del rey vencido Pirro.

Y pocos años después, fueron capturados  y condenados a muerte 142 animales tomados a los cartagineses por el cónsul Metelo. Se les llevó al circo y desde las plateas fueron masacrados a flechazos, en medio de la diversión del público.

César tenía 400 leones en sus filas y Pompeyo 600, incluidos los elefantes. Nerón antes del incendio de Roma envió  la guarda pretoriana a matar 300 leones y 38 osos, nadie sabe por qué. Después se hicieron corrientes los combates entre gladiadores y leones. Después desertores contra osos y cristianos contra leones. Siempre ganaba el animal y el público se divertía.

De Carlomagno al siglo XIX

 En la Edad Media los señores influyentes y los soberanos se rodeaban de animales no sagrados. Se hizo célebre el elefante Abul Abas de Carlomagno, las panteras de combate de Guillermo el conquistador y en 1100 los animales -en un patio y todos juntos- de Enrique I de Inglaterra.

Los instaló de mala manera en la Torre de Londres y el buen pueblo podía visitarlos mediante la entrega de un perro o un gato o varios volátiles que se lanzaban dentro de las jaulas para ser devorados. Y esto duró...  hasta 1839.

La palabra zoo no es de la Edad Media  porque sabemos que Felipe VI de Francia instaló en el  Louvre el primer "hotel de los leones" en 1328. Y un siglo después seguía éste vigente, pero ¡en qué condiciones!.  "Las bestias" vivían en una gran jaula de 11 m2. y tenían derecho a una salida, con su amigo el hombre, los días festivos.

 Osos, tigres, monos, leones ponían los pelos de punto con sus aullidos y con sus peleas a muerte entre ellos. El olor era insoportable.

Todos los reyes o soberanos o  guerreros, tenía sus jaulas, pero la más famosa del mundo -por su barbarie- era la del Gran Khan en Mongolia. El explorador Marco Polo fue el primero que trajo noticias de ésta y quedó atónito por la destreza de los tigres en las cacerías.

El Renacimiento creó el exotismo. Hubo intercambios con Oriente y así, el sultán turco Bajazet envió a Florencia sus 7.000 pájaros exóticos, de los que casi todos murieron. Eran famosas las jaulas u hoteles o casas o corrales o "menagéris" como lo llamaban los franceses, de Florencia, el Vaticano, Madrid, Lisboa y Viena.

Los papas cuando se instalaron en Avignon se llevaron sus animales y fue Francisco I de Francia el que organizó luchas de fieras de la misma o distinta especie: leones contra leones, osos blancos contra negros, panteras contra tigres, etc.  Las focas, los antílopes, las jirafas, gracias a su escasa ferocidad andaban libres en los parques, aunque  servían de pasto a los leones hambrientos.

El nacimiento del zoológico.

Hacia 1840, aunque fueron estudiadas en general y rechazadas las teorías de Charles Darwin, cesó en gran parte la crueldad gratuita del hombre hacia el animal aunque -hay que decirlo-  desde el siglo XIII, la catedral de Notre Dame de París tenía su propia "menagérie" dentro del recinto sagrado, en pésimas condiciones.

En 1826 abrió sus puertas en Londres  el primer parque zoológico con este nombre, que recibió en 1869 el primer gorila africano. Pronto imitaron a los ingleses en Amsterdam, Rotterdam, Amberes y Berlín. El "jardín de aclimatación" de París (1860) en el Bois de Boulogne, contribuyó a mitigar el hambre de los parisinos durante el sitio de París, en el curso de la guerra franco-prusiana (1870), en que los alemanes asediaron la capital de Francia. El "jardín" tuvo que recibir cientos de nuevos animales.

En los Estados Unidos, donde cazadores como Buffalo Bill mataban por igual bisontes que indios, hubo una primera reacción en 1872. Y muchos cazadores, despreciados por la sociedad, murieron como vagabundos en paro, tras exhibirse en circos europeos.

 Fue el pueblo el que presionó para que el parque nacional de Yellowstone fuera abierto a los animales que quedaban, porque el bisonte prácticamente quedó extinguido de las grandes praderas del Oeste norteamericano y si se ha salvado no es por la Casa Blanca, sino por naturalistas de otras partes.

El lobo que simbolizó desde lo más remoto y en el folklore internacional, el mal y la traición, llegó a ser perseguido en España por la Santa Inquisición y declarado dañino por la Ley de la Caza de las Cortes de 1902.

En la Primera Reunión Internacional para la Conservación del Lobo en Europa, celebrada en Estocolmo en 1973, algunos naturalistas trataron de plantear el tema  para salvar la especie en España, pero hay una gran polémica al respecto.

 El lobo parece que se sabe de memoria la ley de Darwin de la conservación de las especies, el más fuerte devora al más chico y es un superpredador por sus tácticas de caza y la elección de sus presas, rebaños de corderos, gamos, corzos y en invierno son intransigentes y se agrupan para sobrevivir a los cazadores. Hoy en día quedan muy pocos lobos en la península ibérica

Desde 1979 los naturalistas han tratado de imponerlos en los Pirineos, con gran disgusto de los pastores e incluso de los agricultores, pues cuando no encuentra carne come vegetales. Los ecologistas y los naturalistas  les defienden diciendo que evita la proliferación de los mustélidos como la comadreja y otros  que -a la larga- son más dañinos para la comunidad y la salud humana. Lo mismo va a ocurrir con los osos. 

En nuestro siglo y a partir de 1934, los gobiernos se vieron obligados a crear zoos bien mantenidos, aunque siempre zoos, reservas naturales y parques. Después de 1945, aparecieron los "safari-parks", los zoos privados, las marinas, siempre con la idea primitiva o seudohumanizada de que el reino animal es una "cosa" que puede ser manipulada por el hombre.

 Pero el animal "libre" también depende del hombre en dos sentidos: el que lo caza -por ejemplo hipopótamos  (porque el cuerno parece ser un poderoso afrodisíaco) o elefantes (por el marfil) y las mafias proliferan en todo el mundo y los  "braconniers"  forman verdaderas bandas de  guerrillas con fusiles de mirilla telescópica. 

Contra ellos están muchos gobiernos, sobre todo en Africa, porque esos y otros (más las aves exóticas) sirven bien para el turismo, y para el contrabando. Resulta en total que el hombre es mucho más salvaje que el animal.

Respecto a sociedades que protegen los animales domésticos, en mi entorno en el País Vasco, existe una recién creada entidad filantrópica que tiene su web en Internet por iniciativa de la Sociedad Protectora de Animales y el Refugio (Zuhaitzpe), WWW.enterat.com Darles refugio a perros y gatos abandonados, con la garantía de esas entidades, que puede suponer -para personas ancianas o enfermas -una gran compañía.  Y es ahí donde perros y gatos abandonados dejan de ser animales-objeto para ser quizá uno más de la familia, si no exageramos demasiado.

Lamentablemente el número de gatos y perros abandonados aumenta en toda Europa. En reportajes ulteriores seremos más explicitos.Hoy no hemos hecho sino trazar un perfil de una historia realmente apasionante. 

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