El misterio de las Joyas de la Corona Británica.

Durante mucho tiempo se ha atribuido a cada una de las piedras preciosas su virtud mágica. Durante las Cruzadas las piedras de color rojo (carbúnculos) eran símbolo de protección. Se ha dicho que el jade cura las enfermedades del riñón y que el zafiro da la sabiduría. El diamante ahuyenta cualquier peligro. Ciertas piedras traen maleficio y un periodista británico dijo, en 1916,  que “el Diamante Azul” que iba a bordo del Titanic fue el que trajo la desgracia, el naufragio y la muerte.

Hoy, incluso, algunos astrólogos no dudan en incluir “las piedras del mes” en su horóscopo. Los grandes diamantes y esmeraldas forman pare de la panoplia de los reyes, de los tesoros de Estado y de la Iglesia, que no pudo sustraerse a ellas en la Edad Media. Es difícil saber cuales de  esas cualidades o males se ciernen sobre la reina Isabel y su  familia, pues ella es la mujer que detenta en joyas el mayor imperio del  universo.

Ofrecemos al lector, sin necesidad de hacer cola en la Torre de Londres, una minibiografía de las más famosas allí expuestas. Luego haremos un breve recuento de las que en fecha reciente han lucido las mujeres de la familia real.

Primero, los diamantes   

De ellos el más importante es el Cullinan (3.106 carates en bruto). Este diamante lo descubrió en África del Sur el capitán Frederick Wells. Era una perfección: enorme, claro, sin color. Por eso se le llama La Estrella de África. Se decidió ponerle el nombre de Sir Thomas Cullinan, el presidente de la compañía minera, en manos inglesas. En 1907 el Gobierno de Transvaal se lo regaló al rey de Inglaterra Eduardo VII, en su 66 aniversario. Como se consideró peligroso el traslado desde África hasta Londres por un correo especial, Scotland Yard decidió mandarlo como paquete postal confiando en la eficacia del correo de S.M. Ya en Inglaterra el rey consideró que el diamante era demasiado abultado y encargó su talla al especialista holandés Asscher . De él salieron nueve piedras conocidas por el pueblo como “chips” (patatas fritas) y 96 brillantes de menor tamaño. El Cullinan IV fue a parar a una sortija de la reina Isabel. El quinto a un broche que lució para un retrato oficial en palacio en 1985.

El Jubileo (1660,8 carates en bruto), descubierto en 1895 en Africa del Sur, fue tallado el año del jubileo de la reina Victoria en 1987. Los más entendidos lo consideran como el diamante mejor tallado del mundo. Sus caras son mellizas idénticas.  También se expone en la Torre de Londres.

El Regente (410 carates en bruto y 140 tallado). Descubierto en las minas de Partial, cerca de Golconde (India) fue robado por un esclavo (otras historias dicen que éste lo descubrió en l70l, pero fue a parare quien se lo entregó a William Pitt, gobernador inglés de  Madras. Pitt lo mandó tallar y lo vendió por 357 millones de francos, en 1717, al Duque de Orleans, regente de Francia. Inglaterra jamás se lo perdonó. El nuevo propietario era el regente de Francia y le puso el nombre de El Regente. Fue engastado en la corona de Luis XV el día en subió al trono. Tras la Revolución Francesa fue propiedad de Napoleón Bonaparte quien lo engastó en la empuñadura de su espada. Se muestra en el Louvre.

El Koh-I-Noor o Montaña de la Luz. Mencionado por primer vez en 1304. Fue asimismo hallado en Golconde.Pesaba l08,93 kilates y estuvo engastado en el famoso trono en forma de pavo real, del Shah Jehah, siendo uno de los misteriosos ojos del pavo. Se lo regalaron a la reina Victoria en 1851. Montado en 1937 sobre la corona de la reina madre Isabel. Forma parte de las Joyas de la Corona. Se halla en la Torre de Londres.

El Orloff.  Se dice que pesaba más de 300 kilates cuando fue encontrado. Durante mucho tiempo fue confundido con el gran Mogol y, en la actualidad, forma parte del Tesoro de Diamantes de Moscú. Según la leyenda se encontraba en el Ojo de Dios en el templo indio de Sri Rangen y fue robado del templo por un soldado francés disfrazado de hindú.

El Hope Azul o “El Diamante azul de la Corona”.Tiene fama y hechos de traer mala suerte a su propietarios. Robado durante la Revolución Francesa a Luis XIV, reapareció en Londres en l830 y lo compró Henry Philip Hope. Trajo mala fortuna a toda la familia, tan mala que perdió la fortuna y todos murieron en la pobreza: desgracias similares sucedieron a otros propietarios, entre los que se cita a Sir Edward Malean. Actualmente se halla en el Instituto Smithsonian de Washington. Pesa 45,42 kilates. La piedra original de origen indio pesaba l25 kilates, pero fue tallada.

El diamante Centenario fue hallado en la mina Premier en julio de l986. Pesaba 599,10 kilates, mayor en principio a la Estrella de África, pero fue tallado por el especialista Gabi Tolkowski que tardó tres años en el actual, más moderno, perfecto y de mayor tamaño del mundo con 247 facetas, l64 de ellas de la piedra y 83 en sufija que hoy se llama Centenario y pesa 273,85 kilates inferior sólo ahora al Estrella de África. El diamante Centenario se mostró por primera vez en la Torre de Londres en l99l

El Taylor-Burton  tiene un peso de 69,42 kilates. Se vendió en subasta en l969, Cartier de Nueva Cork pujó con éxito y le dio el nombre de la casa cirtada. Al día siguiente, el actor galés Richard Burton lo compró por un cantidad no revelada y pasó a llamarse Taylor-Burton”. En noviembre l969 ella lo lució en Mónaco durante un baile benéfico. Luego anunció su intención de ponerlo a la venta y donar las ganacias para construir un hospital en Bostwana. En junio l979 se vendió por unos 3 millones de dólres.Se dice que se encuentra en la actualidad en Arabia Saudita

Las joyas de la Corona Británica, no oficiales

Nunca se ha hecho un inventario oficial de las mismas. Se sabe de ellas son cuando aparecen en el cuello o en una cabeza real. He aquí las más populares. 

La primera joya de la reina Isabel fue un delicado collar con perlas de coral que le regaló su madre para las fotografías oficiales. Hoy la tiene en propiedad la princesa Ana. 

El collar de Jorge VI. Es el que en 1947 le regaló a su hija Isabel. Consta de zafiros oblongos rodeados de diamantes redondos y separados de otra fila de diamantes más menudos. La entonces princesa lo eligió para viajar a Kenia con motivo de las fiestas de la Independencia de dicho país. Lamentablemente la foto oficial en que ella aparecía con el premier Yomo Kenyatta no pudo ser publicada porque al día siguiente, fallecía su padre el rey Jorge VI.

La Tiara de los Novios de Cambridge.- Diseñada por la reina Mary basada en una tiara de su abuela Augusta cuando se casó con el duque de Cambridge. Hay seis versiones de la misma que no enumeramos. Baste decir que la que lució la reina Isabel en 1955 se la regaló a su hijo Carlos en 1981. Lady Di la llevó prestada en dos ocasiones: con motivo de la apertura anual del Parlamento en 1982 y en su viaje a Washington. Se criticó acervamente a la reina por haber hecho el regalo a su hijo Carlos y no a la nueraiana.

Las damas de India. Para la reina Mary, “ArtDeco” confeccionó un collar con ese nombre. Lo heredó la reina Isabel, quien también se lo regaló a su hijo Carlos. Lady Di lo lució en las fiestas de Navidad de 1982 en palacio. En 1985 lo llevó en público en Australia, en las mismas condiciones que la tiara antes descrita. Se hicieron las mismas críticas a la reina  respecto a habérselo regalado  a su hijo.

Los broches de Felipe. A lo largo de los años, los mejores especialistas del mundo han diseñado joyas por encargo del principe Felipe de Edimburgo con destino a su mujer, la reina Isabel. Una de las más preciosas es un brazalete, el más caro de Europa, regalo con motivo de su quinto aniversario de matrimonio.  Ella lo lució en las carreras de Ascot. En el centro esta la insignia naval del príncipe Felipe, guarnecida de diamantes. Lo confeccionó el joyero francés Boucheron.

Los broches de lazo. Estos han sido populares entre las damas de la familia real desde que en 1858 la reina Victoria lució uno con 506 diamantes. Tanto la reina Alexandra como la reina Mary utilizaron este tipo de joyas durante su coronación. En setiembre de 1986, dos meses después del matrimonio de Sarah Ferguson con el príncipe Andrés, la recién casada lució uno parecido al de su tatarabuela política en los Juegos Escoceses de Braemar Highlands. Lo llevaba medio oculto sobre el cuello de una blusa blanca. No  hubo ninguna explicación oficial de palacio sobre dicha joya y sí especulaciones de todo tipo. Probablemente fue en su  día un regalo de la reina Isabel a su hijo Andrés con motivo de su matrimonio. Es difícil que una joya de ese calibre salga de la casa de los Windsor así como así.

De todas formas la lista se alarga más que el espacio. Hay todavía joyas oficiales y no oficiales que han quedado en el anonimato.


Las coronas, sólo para ceremonias

Conforme a una historia turbulenta y a mucho robo oficial o no, las joyas de la corona británica representan la prerrogativa real y las vestiduras usadas por el rey o la reina del Reino Unido durante la ceremonia de la coronación y otras funciones de estado. En total, la colección incluye  coronas,  esferas,  espadas,  cetros, y otras prendas reales. Las placas de oro y  la plata fueron rehechos en 1661 por decisión del parlamento.

Según la ley británica, los originales de las joyas de la corona(existen copias autentificadas) y alhajas y piezas reales no pueden salir de Inglaterra y se exhiben en la Torre de Londres. Muchos ellos  a partir del período de la pre-Reforma  tienen a  la vez una connotación religiosa y sacra. Por ejemplo, la vestimenta usada por el soberano durante la Unción, un ritual ceremonial, se asemeja al alba y a dalmática o túnica usadas por los obispos.

Cuando se hicieron demasiado pesadas

Algunas de las coronas de la colección de las joyas de la corona las utilizan todos los soberanos, mientras que otras fueron creadas específicamente para uno determinado o para el consorte de la reina, o la esposa de un rey. La corona de un rey tiene típicamente una cubierta ligeramente arqueada, mientras que  la de  la reina no es tan arqueada.

Considerada por gran número de monarcas británicos extremadamente pesadas y difíciles de llevar, la corona de St. Edward se usa sólo durante una parte de la ceremonia de la coronación. Hecha de oro macizo, la corona está guarnecida por 444 piedras preciosas. La reina Isabel I prefirió usar una representación estilizada de la corona con idénticas imágenes  y símbolos de la realeza.

Usada por los monarcas en su coronación, la corona imperial  se hizo en 1937 para rey Jorge VI. La corona se adorna con  joyas de la gran antigüedad y  significación histórica. En total, la corona luce 2.868 diamantes, 273 perlas, 17 zafiros, 11 esmeraldas, y cinco rubíes. La piedra más vieja es  el zafiro de Eduardo el Confesor, que se cree lo incrustó después en un anillo. Un rubí sintético antiguo, conocido el Rubí del Príncipe Negro que la leyenda afirma que luego pasó a Eduardo fue donado por Pedro el Cruel de Castilla. La corona se usa tras la conclusión de la ceremonia de la coronación cuando el monarca deja la Abadía de Westminster, y también en la abertura anual de estado del parlamento.


La corona imperial de la India, sólo 6.000 diamantes

Esta se creó  cuando rey Jorge V visitó Delhi como emperador de la India ya que la ley británica prohíbe sacar una joya de corona del país, para evitar riesgos de pérdida. Por eso se hizo una  corona nueva. Es una de las coronas más pesadas de la colección imperial. Lleva más de 6.000 diamantes.

Para la reina Isabel, la corona de la madre de la reina, para su coronación como consorte se hizo nueva en 1937. La corona la adornan diamantes preciosos, entre los que destaca el famoso  Koh-I-Noor que fue con l08,93 kilates,el más grande del mundo y data de 1304.Se le conoce también como la "montaña de la luz." Procede de la India y perteneció a las varios shas indios y persas con muchas leyendas por detrás. La tradición dice que sus dueños masculinos sufrirán desgracia y muerte, pero las mujeres que lo posean gobernarán el mundo.

Las esferas y los cetros, por parejas


El soberano usaba dos cetros, uno en cada mano en una parte de su reinado. Luego la costumbre cayó en desuso. El cetro de la cruz se hizo en 1661.  Con una  cruz en el vértice, fue reajustado en 1905 para incorporar la Gran Estrella de África, el segundo diamante más grande de corte del mundo después del Jubileo de oro. El monarca llevaba el cetro con la cruz en la mano derecha y  en la mano izquierda, el cetro con la paloma que simboliza el Espíritu Santo.

La esfera o globo soberano de oro hueco hecha en 1661. Una banda de joyas lo adorna a través de la parte central con sólo una media banda en la parte exterior. En la parte superior del globo hay una joya en forma de cruz que representa el papel del soberano como defensor de la fe.

Cuando la joyas fueron robadas de la Abadía de Westminster



Desde que en 1303 las joyas de la corona fueron robadas de la Abadía de Westminster, se han guardado en la Torre de Londres. Se cree que la mayoría, si no todas las joyas fueron recuperadas. Las exponía en venta y las exhibía un joyero de Londres. Durante la Segunda Guerra Mundial, las joyas fueron sacadas de la torre y guardadas en algun lugar  secreto.

Hay quien sugiere que fueron mantenidas en las cámaras acorazadas del sótano de la Compañía Real en Montreal (Canadá) y hay otra opinión de que estuvo durante todo ese tiempo en la torre redonda del castillo de Windsor. Si bien se difundieron versiones diversas intencionadas de que estaban en ultramar, para que los espías alemanas no buscaran en Inglaterra. Pero lo más probable -segunda versión- es que estuvieran a salvo en el castillo de Windsor  no porque por ley las joyas no pueden salir del país, sino por no arriesgarlas a la travesía del Atlántico a merced de los submarinos alemanes.


El valor absoluto de todo el oro, plata,  platino, los diamantes,  zafiros, rubíes, las esmeraldas y las perlas en la colección real se sitúa por encima de todo cálculo o comparación. Los Windsor son los más ricos del mundo.

La torre de Londres y sus joyas, antes de pasar a los fantasmas.

La exposición de las joyas de la Corona, que incluyen el diamante cortado más grande del mundo, etc… está abierta al público para su visita.

El recorrido termina con un paseo por las mazmorras (reconstruidas) donde se puede más bien sólo imaginar el "tratamiento" que recibían en otro tiempo los prisioneros, que terminaban decapitados en público(de Ana Bolena a Jane Grey, etc..) tras pasar por un tratamiento especial con los numerosos instrumentos de tortura utilizados en la época. Claro que todo eso, en reconstrucción, resulta irreal. En cuanto a las torturas, las que hoy se muestran, también son dignas de una película de ficción. Las reales por supuesto existen y son corrientes. Las podemos imaginar no en una visita turística de la torre sino en denunciadas en los boletines de Amnistía Internacional. 

La duda estriba ahora en saber si los ejecutados se volvían o no fantasmas. Durante siglos se ha informado de innumerables fenómenos casi esotéricos –el primer fantasma que se vio data de 1241–, que van de figuras que cargan en sus hombros los cuerpos de los decapitados, casi todos al  carecer de cabeza ahora, sólo espectros, a procesiones funerarias sobrenaturales, con encapuchados multicolores que sólo se pueden ver, en la realidad, en alguna procesión de la Semana Santa de Sevilla (España).
Debido a la cantidad de gente que murió en la torre, se considera  como uno de los sitios más terroríficos de Londres. Sin embargo, ningún guía de turistas de la Torre suele  mencionar a los fantasmas: dice la tradición que, si así lo hicieran, les traería mala suerte, cosa ridícula e improbable.

Los fantasmas de verdad, historias para no dormir

Una de las historias más convincentes sobre apariciones «sin alma»-¿auténticos “zombies”?- está compilada en el diario de la Torre de Londres -lugar saturado de fantasmas según la creencia popular-. El protagonista de la historia fue Edmund Lenthal Swifte. En 1814 tenía el cargo de Guardián de las Joyas de la Corona, cargo que ocupó hasta 1842 -o sea, 28 años-. Él mismo cuenta lo que vio un domingo por la tarde en octubre de 1817: «Mi familia y yo estábamos cenando en el edificio donde se guardan las joyas de la corona, lugar famoso por haber sido la «lúgubre prisión» de Ana Bolena y de los diez obispos que allí fueron acomodados piadosamente por Oliver Cromwell.

Todas las puertas estaban cerradas, las cortinas, pesadas y oscuras,  echadas, y la única luz que había en la estancia era la que emanaba de dos cirios colocados sobre la mesa. Yo estaba sentado en la cabecera de la mesa, mi hijo a mi derecha, mi mujer junto a la chimenea y su hermana enfrente de ella. Estaba ofreciendo vino y agua a mi mujer, cuando ésta, al alzar el vaso, paró el movimiento y exclamó: ¡Dios mío! ¿qué es esto?.»

«Miré hacia arriba y vi un cilindro, como un tubo de vidrio casi del grosor de un brazo, que revoloteaba entre el techo y la mesa; su consistencia parecía ser un denso líquido, blanco y azulado... girando incesantemente dentro del cilindo. Duró aproximadamente dos minutos, entonces empezó a moverse delante de mi cuñada .y, luego paó delante de mi hijo. A continuación siguió por detrás de mi mujer y permaneció brevemente sobre su hombro derecho (téngase en cuenta que no había ningún espejo en la parte opuesta que le permitiera ver qué estaba pasando). De repente, mi mujer se agachó, con las manos en el hombro, y gritó: ¡Dios, me está agarrando!.»

«Incluso ahora siento el terror que sentí entonces. Salté de la silla y golpeé la aparición, golpe que fue a parar en el revestimiento de madera situado detrás de ella. Entonces, la «cosa» cruzó el borde de la mesa y desapareció por la ventana.»

El soldado que murió de miedo a un oso feroz en la Torre

Algunos años más tarde, ocurrió un suceso que confirmó trágicamente la explicación de Swifte: un soldado murió literalmente de miedo en la Torre de Londres.


El soldado estaba de centinela frente al edificio donde se guardan las joyas de la corona, cuando, cerca de medianoche, oyó un sonido gutural detrás de él. Al girarse vio un gran oso negro de pie sobre sus patas traseras, con los dientes hacia fuera y los ojos rojos de rabia, que se abalanzaba sobre él. El soldado lanzó su bayoneta contra el cuerpo del animal,  sin herirlo y el animal desapareció.
Una patrulla encontró unos cuantos minutos después al soldado desmayado; la bayoneta estaba clavada en la sólida madera de la puerta. El soldado, todavía sin sentido, fue trasladado al cuerpo de guardia donde un médico afirmó que no estaba ni borracho ni dormido. Repitió una y otra vez su extraña historia, hasta que tres días después murió.

También, fantasmas de animales

Durante aproximadamente 300 años, hasta mediados del siglo XVII, en la Torre había habido un zoológico real, y entre los animales que allí se cuidaron había numerosos osos. A pesar de que no existan referencias de la autopsia del soldado, el hecho de que muriese tres días después de aquella experiencia podría indicar que estaba enfermo sin saberlo, y que la aparición fue una alucinación causada por su propia enfermedad.

 Por otra parte, los fantasmas de animales tienen más sentido como «espíritus que regresan» que sus equivalentes humanos, por la sencilla razón que ya hemos apuntado antes: por lo menos ellos «aparecen» exactamente con el mismo aspecto que tenían en vida. El hecho de que el hombre haya perdido muchos de sus instintos «primitivos» mientras que los animales todavía los conservan podría también tener una relación con el papel paranormal de aquellos.

 Las joyas de la corona y otras funciones de la Torre casi nunca mencionadas

Cuando Guillermo el Conquistador, en 1078, los londinenses nunca habían visto algo semejante antes. Guillermo importaba la piedra especialmente de Francia para construir la torre blanca a su estilo normando absolutamente extraño a los locales.

Guillermo vio primero la necesidad de construir una fortaleza, en esta ciudad de gran futuro y próspera  no para defenderla de una invasión extranjera, sino para proteger a los normandos conquistadores contra los propios habitantes de Londres. Durante siglos, la torre respondió al mismo propósito, proporcionando seguridad para los varios monarcas normandos  en épocas turbulentas.

El tiempo pasó y las necesidades cambiaron y, la torre fue adaptada y extendida hasta que se convirtió en un complejo extenso de defensas. En el siglo XIII se consideró el establecimiento de una forja real en sus premisas, así como una casa de fieras.

El parque zoológico de Londres vacía la Torre del León
 
Esta colección privada de bestias exóticas debió comenzar cuando  Henri III recibió tres “gatos grandes” (leopardos o posiblemente  leones) como regalo de boda  en 1235. La torre del león fue construida para albergar la colección de fieras, que se convirtió en una atracción pública por el siglo XVIII. Sin embargo, con la apertura del parque zoológico de Londres  al  siglo siguiente, los animales fueron trasladados allá y la casa de fieras de la torre se vino abajo. La puerta del león es todo lo  que queda.

La torre de Londres es probablemente hoy más bien conocida por su historia notoria de la traición, del encarcelamiento y del asesinato real  utilizada como  prisión y lugar de  ejecución, de cautivos ilustres. Pero no vamos a aburrir al usuario con cosas tan sabidas. Les siguieron aristócratas y  duques, clérigos y a los obispos.

A partir del robo de las joyas de la corona en la Abadía de Westminster en 1303, la Torre las acogió y a fines del siglo XVI, fueron puestas en exhibición al público. Durante este período  la torre comenzó a ser utilizada como  arsenal y armería. Pero en el siglo XIX, perdió también ese carácter.

Éste no era el principio del fin para la torre, sino más bien el comienzo de un nuevo y emocionante período para la vieja fortaleza normanda de Guillermo el Conquistador.

El romanticismo medieval había comenzado a estar de moda en los tiempos de la reina Victoria y el interés arquitectónico e histórico de la torre comenzó a aumentar. El gobierno emprendió un vasto programa  de  restauración y  reconstrucción, poniendo las primeras piedras (y las segundas) para convertirla en una de las atracciones turísticas más populares de Gran Bretaña. De hecho, para mediados de siglo  los visitantes eran tantos que hubo de construirse una oficina suplementaria en la entrada principal para hacer frente a tanta gente.


La torre siguió siendo  funcionando como edificio público oficial sin embargo. Y durante la guerra mundial fue utilizada como prisión.

Las joyas de la corona son su morador ahora más antiguo. Este es el hogar nato de tan inconmensurable tesoro. Así pues, todavía conserva como guardia su viejo regimiento de los Yeomen Warders (conocido más comúnmente como Beefeaters) cuyo papel es dirigir y orientar a los turistas y al mismo tiempo, teóricamente, de defender la torre porque de las joyas se encargan señores sin uniforme y con artefactos muy sofisticados capaces de leer hasta los malos pensamientos. Es algo que el pensamiento normando de Guillermo no pudo prever.

Aunque ningún miembro de la realeza ha vivido en la torre desde  tiempo inmemorial, todavía tiene un sistema muy importante de defensa de los residentes. Se trata de los cuervos (los ravens) famosos. Estos pájaros negros, de pico largo han estado aquí por siglos. Una vieja leyenda mantiene que Gran Bretaña nunca será invadida mientras sigan estando los ravens allí, así que puede todavía ser tal leyenda considerada como certeza para justificar su presencia e incluso tener sus propios protectores para ocuparse de ellos y dejarlos que vivan como reyes. ¡Nadie se toma riesgos hoy día y se dice que se  les cortan o acortan las alas para asegurarse que nunca se irán!... Si se van, la Torre podría ser invadida.

La Torre de Londres puede perder su status de Patrimonio de la Humanidad

Según el diario “The Times”, la Torre de Londres, uno de los monumentos más históricos de la ciudad, podría perder su status de Patrimonio de la Humanidad, que otorga la UNESCO. Tan sólo la actual crisis del “ladrillo” podría salvar al Londres bonito.
La verdad que si ese es el caso, también estarían en peligro muchos  otros “Patrimonios” situados en islas o litorales demasiado turístizados. Por otro lado, la UNESCO debería cambiar el nombre por Patrimonio “Turístico” al que no puede acceder toda la Humanidad sino los que pueden pagarse unas vacaciones caras.

Pero volviendo a Londres, un grupo de técnicos de la Organización de la ONU para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) visitó hace poco tiempo la Torre de Londres aquella fortaleza normanda que erigió Guillermo el Conquistador hace más de mil años, para decidir si puede seguir conservando el codiciado status de Patrimonio de la Humanidad.
Esa visita se produjo en respuesta a la preocupación de los expertos y de algunos personajes del Gobierno británico por los planes urbanísticos existentes en torno al popular monumento.     Las nuevas construcciones incluyen un rascacielos de 306 metros de altura en el Puente de Londres y otro, bautizado "Bishopsgate Tower", de 324 metros.

El desarrollo urbanístico proyectado no respeta el entorno

El Comité del Patrimonio Mundial de la UNESCO ya se  pronunció sobre esta materia  señalando que el desarrollo urbanístico proyectado en torno a la Torre no respetaría su status. Para el comité, "no parece que Londres esté aplicando efectivamente" políticas correctas para proteger la Torre en el futuro.

El comité  destacó que el desarrollo urbanístico puede hacer peligrar las vistas panorámicas desde la Torre y las propias vistas del monumento desde el exterior. Pronto, la UNESCO tendrá que decidir si pone a la fortaleza británica en la lista de bienes "en peligro". El pretender seguir siendo una ciudad histórica y seguir con un desarrollo salvaje del boom inmobiliario es ridículo. Así puede terminar el Londres bonito. Tal vez la crisis actual del ramo de la construcción venga para salvar el corazón de Londres.


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