A la búsqueda internacional de las medicinas espaciales contra el SIDA, el Alzheimer,
la leucemia, y otras...

La investigación biomédica del Cosmos impulsó una nueva ciencia en que cooperan (en principio) técnicos y científicos rusos, norteamericanos y de otros países. Los censores empleados en reanimación derivan de los empleados para los astronautas. Gracias a la microgravedad se espera poder en el futuro llegar a encontrar una vacuna contra el cáncer, el SIDA y otras pandemias. En este reportaje repasamos y renovamos la esperanza de una nueva era que contrasta con otras no tan pacíficas. Eso si los experimentos no sirven al militarismo rampante.

Las Medicinas del Cosmos están aquí

A comienzos de los años 60 el dilema era: ¿Estudio de la Luna o estudio del Cáncer? no había ninguna otra alternativa. Los gastos de Proyecto Apolo fueron colosales y el producto de todo ello: la guerra por el prestigio. Un capítulo más de una guerra fría demasiado caliente. A los 20 años del hombre sobre la luna, el interrogante de si eso va a seguir o no, no es normalmente casi ni legítimo. El hombre normal aquí y allá está ya harto, escéptico…

Pero desde la Perestroika se han hecho ciertos progresos: los beneficios de los viajes al Cosmos en el terreno medico son notables empezando por la nueva tecnología sanitaria. Ahora hace falta que sirvan para todos: los de los países desarrollados y los de los sin techo. A pesar de que la guerra de Irak, costó incluso más que el Proyecto Apolo, aplicando el beneficio de la duda a lo que se hizo en los días de Bush, siempre queda la esperanza que nos guía.

La terapia intensiva deriva de las precauciones tomadas para conservar la salud de los astronautas, fue la primera referencia. El “pacemaker” o cardioestimulador, con que viven hoy prácticamente una vida normal miles de personas a través del mundo procede de una experiencia extraída durante los vuelos espaciales. El concepto “pacemaker” se inventó allí arriba. Y no digamos nada de la medicina microcomputarizada también nanomedicina.

La investigación biomédica data de los satélites automáticos norteamericanos o soviéticos puestos en órbita en los años 70: Apolo 14 y 16 y la misión conjunta Apolo-Soyuz. Fueron un inicio esencial en las investigaciones médicas llevadas a cabo en los laboratorios cósmicos del Salyut y el Mir (URSS) y del Shuttle (EE.UU.).

Muchas empresas farmacéuticas norteamericanas se beneficiaron de la microgravedad (ausencia de pesantez casi absoluta) para el estudio de los nuevos cristales semiconductores y gracias a ella se han elaborado 700 fármacos esenciales.

La técnica para dividir o combinar partículas formadas de grandes moléculas y dotadas de cargas eléctricas diversas solo puede desarrollarse en el espacio. También se realizan allá arriba técnicas para la separación de virus, determinadas bacterias, células del organismo, proteínas y otros componentes de la materia viviente y así obtener productos de gran pureza que no serían posibles en los laboratorios terrestres.

¿Esta en el cosmos la curación del SIDA?

Gracias a las electrosondas espaciales se ha podido identificar y separar tipos y subespecies de células de la sangre, los linfocitos. Se han logrado técnicas de trasplante para la cura de la anemia, de la leucemia y algunas enfermedades inmunitarias. Hay doctores en Moscú y Nueva York que afirman que la vacuna del SIDA tiene que venir del espacio. Pensamos que eso será pasando por sobre muchos laboratorios terrestres y los hombres cazapatentes, multinacionales, etc… pero a la postre posible…

Durante el vuelo Shuttle-Spacelab de 1983 se logro aislar la eriotopoyetina espacial, un mediador hormonal que producen los riñones que estimula la proliferación de los glóbulos rojos en la sangre. También se previó la utilización de la urokinasis, una enzima procedente de los riñones, que disuelve los coágulos de sangre generados en infartos y en la trombosis cerebral.

Entre las “medicinas espaciales” en plena programación se hallan nuevos productos para desarrollar la insulina, la hormona del crecimiento, muchos anticuerpos, enzimas antivíricas y factores antihemofílicos. Un aspecto todavía más prometedor de la biomedicina espacial es la cristalización de proteínas para la búsqueda de productos terapéuticos totalmente novedosos. Se ha observado que en condiciones de microgravedad, las proteínas se conforman en cristales mucho más ordinarios y mayores que en los laboratorios terrestres.

Este gigantismo facilita el conocimiento exacto por medio de Rayos X de la estructura tridimensional de los cristales y de ahí la determinación precisa de la posición y secuencia de los diversos aminoácidos de los compuestos de la proteína.

A bordo de naves rusas o norteamericanas

De la cristalización de 600 proteínas – de las existentes- 250 los han sido en laboratorios terrestres y el resto en las condiciones de microgravedad antes apuntadas. Eso permitirá reproducirlas, comprenderlas, modificarlas. La farmacología espacial se enfrenta como negocio. El Centro para el Desarrollo del Espacio ha elaborado un ambicioso programa dirigido por el profesor Charles Bugg, de la Universidad de Alabama, para la cristalización -a bordo del Shuttle- de proteínas de los laboratorios de dicho centro. La sociedad Eurokosmos y la URSS han llegado a un acuerdo para la experimentación de productos y nuevos materiales a bordo de naves rusas.

En Europa se fundó en 1985 el “Intospace”, un consorcio formado por 94 sociedades de nueve países de la entonces CEE pertenecientes a los mas diversos sectores de la ciencia medica. Entre ellos se hallan los que se dedican a la producción y preparación de cristales proteicos y el estudio de fármacos totalmente nuevos. El consorcio ha empezado con un gran paquete de experimentos llamado “Coima” que comprende el estudio de 104 proteínas a examinar (la mitad con fines médicos), preparadas por trece grupos de científicos europeos, algunos premios Nóbel.

El cohete chino “Larga Marcha 88”

Ya hace 25 años los experimentos en potencia de “Cosima” fueron depositados en una cápsula a bordo del cohete chino “Larga Marcha” y puestos en órbita en una base de Mongolia. Tras su estudio computarizado en el cosmos, el cohete volvió a la tierra. La empresa constituyó un éxito experimental y comercial hasta el punto que “Intospace” previó para fecha inmediata un segundo vuelo de “Cosima”.

En principio el proyecto dependía de una nave espacial china, pero por circunstancias ajenas a la experimentación fue aplazado sine die. Es posible que la causa fuera la carrera armamentista. El rumor fue que sería un cohete soviético el que hiciera la misión. Pero otras informaciones más vitales apagaron el proyecto.

Se anunció otro apretado programa para el período 2000-2012 en que “Intospace” utilizará las naves norteamericanas Scout y aprovechará vuelos ya proyectados de “Shuttle-Spacelab”. Esos combinarán, a mediados del siglo XXI, con la plataforma espacial europea “Eureka” que estará en orbita durante un tiempo de tres meses. Luego la norteamericana Columbus tomará el relevo.

Otros proyectos euro –americanos como el denominado “Amiga” para la construcción de plataformas espaciales destinadas exclusivamente a laboratorio en condiciones de permanente microgravedad, fueron una promesa para los humanos.

Los chinos estaban en el espacio gracias a su fortaleza psicológica y capacidad tecnológica y científica desde 1987 y mantenía una estrecha colaboración en el seno de la comunidad espacial mundial, sin fines militares, por lo menos en teoría. Y el camino estaba abierto a una vasta cooperación intercontinental con fines exclusivamente científicos.

En 1992 Pekín, gestionó un proyecto espacial según pacto rubricado, con el director general de la agencia Espacial Europea (ESA), Jean-Jacques Dordain.

En 2002 fueron lanzados dos satélites desde el desierto de Gobi (Mongolia) por un cohete chino y siguió otro en 2004, lo que reforzó la misión de los satélites europeos Cluster.

La investigación biomédica caminaba, con China con su secretismo eficaz, mientras los japoneses se afanaban por unirse a las otras naciones asiáticas y europeas ¿Paz, por fin?. El 30 de mayo de 2003 el PM partió de Japón hacia el Centro Espacial Kennedy, el primer módulo laboratorio. Desde agosto de 2004, la NASA planeó el lanzamiento de la instalación JEM en tres vuelos: El módulo de experimentación japonés (JEM) KIBO (esperanza) en febrero de 2008, es la contribución japonesa a la Estación Espacial Internacional y es una realización de la Agencia Japonesa de Exploración Aeroespacial (JAXA), sin fines militares.

Ha sido desarrollado casi por completo por Tsukuba Sapce Center (TKSC) y está integrado en la Estación Espacial Internacional (ISS/Internacional Space Station). Se trata de un módulo presurizado de 4, 4 metros de diámetro que permite a los astronautas desenvolverse en un entorno confortable con una presión y composición de aire similares a las terrestres. Eso permite experimentos científicos incluidos los biomédicos y observaciones astronómicas de larga duración.

Otro proyecto euro-americano dentro del ya mencionado “Amiga” fue el de la construcción de plataformas espaciales destinadas exclusivamente a laboratorio en condiciones de permanente microgravedad.

Los hombres de la Luna en 1969, Amstrong y sus compañeros, no pudieron siquiera entrever que toda esta belleza científica fuera posible y lo fue, en verdad, gracias a ellos y otros como ellos de otras nacionalidades, aunque obedecieran órdenes. Tampoco pudieron adivinar que estaban abriendo una puerta a la esquizofrénica “guerra de las galaxias”, el sueño americano del ex-actor presidente Ronald Reagan que desgraciadamente al igual que Bush prefirió aventuras siderales de los militares como el escudo de misiles (la guerra de las galaxias) dejando abandonado todo lo relativo a la ciencia y a la medicina. Parece que Obama corregirá esas fallas de sus ex-colegas de la Casa Blanca. No obstante, ha causado cierta alarma que hable nuevamente de un escudo de misiles en combinación con Putin pero eso no gusta a nadie. Y hay detalles que albergan el pensamiento que el nuevo inquilino de la Casa Blanca va a cambiar el rumbo de la nave americana. Ojalá la oriente ésta hacia las estrellas para mejorar la salud del hombre.

El proyecto “Apolo” era de paz en la guerra y en definitiva sirvió también para algo no bélico. Lo reconocemos. ¿Las medicinas del cosmos?. Sí, una gran esperanza para el hombre, gracias a un gran sacrificio de muchos. Para todo eso, será necesario arrancar las espinas a la corona de laurel que un día se fabricará para quienes la merecen. Pero los del “Tea Party” siempre están al acecho de su presa y son capaces de todo pues su tendencia es claramente neofascista. Esas aves de presa no se han conformado nunca con el triunfo de Obama y lo malo es que vuelan también en los mismos cielos. Siempre están listos para poner trabas a cualquier cosa que huela a paz. Sin embargo, hay muchos científicos, médicos, filósofos que están en pro de un hombre nuevo de forma que podamos vencer a todas las enfermedades letales y prolongar la vida todo lo posible. Y por lo que venimos diciendo, el cosmos es un laboratorio en potencia.