El banco Internacional del Arroz (Filipinas)


 
Allí no hay oro, ni diamantes, ni dólares. Se trata de un bunker capaz de resistir todas las agresiones de la humanidad. Hay centenares de millones, quizá miles, invertidos en arroz. Más de 80.000 variedades de ese cereal que se guardan en el banco de semillas del Instituto Internacional de Investigaciones sobre el Arroz (irri) que se halla cerca de Manila, capital de las Filipinas. Gran parte de aquellas se almacena a –30º C- De vez en cuanto llegan gentes, orientales, que van a llevarse a veces seis o siete semillas diferentes. Este “tráfico” internacional se lleva a cabo para probar éstas en terrenos extraños, con el fin de hacer del arroz el remedio de una gran famia que el Irri calcula para el año 2020. Entonces habrá en la tierra ocho billones de habitantes y la mitad no tendrá nada con que llenar el estómago.

Según la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), es necesario para entonces aumentar la producción de arroz en un 60%. Hoy una de cada tres personas depende del arroz como sustento. Ahora el 92% se consume en Asia. Mañana  tendrá que consumirse en América Latina y en África. Un europeo come 5 Kg. al año. Un birmano 230 kgs.

La gran famina  del  2020

Como el mar no ha guardado la promesa (hasta ahora) de ser el granero de la humanidad, el Dr. Gurdev Kush, un indio muy generoso e inteligente, se hizo cargo del banco en 1967. En los Estados Unidos hoy sería millonario. Ha sido el creador de la especie IR-36, la especie vegetal más cultivada en el planeta tierra. Es el jefe técnico de un equipo de agrónomos, genetistas, biólogos, antropólogos y economistas. Vienen de China, Japón, las dos Américas, África, Francia y Portugal. Alrededor de los grandes bungalós del banco hay 250 hectáreas de arrozales experimentales. Los “campesinos” con agua hasta la rodilla son también voluntarios y muy enterados.

Se desplazan por todas las islas en “jeepneys” (antiguos jeeps de la guerra mundial, convertidos en minibuses). El banco se creó a iniciativa de las Fundaciones Ford  y  Rockefeller, pero hoy está financiado por 30 países del Norte y del Sur y es independiente.

Los técnicos asesoran a institutos locales, generalmente orientales, sobre lo que se llama “la revolución verde”. Cuando en el año 60 se vaticinó una hambruna mundial para la década del 70, unos cuantos técnicos echaron a andar las ruedas de esa revolución sin sangre. Según el director gerente del IRRI, Dr. Klaus Lampe, entonces se cometieron muchos errores. Hoy estamos conscientes de problemas como  la erosión, el efecto invernadero, calentamiento de la atmósfera. Junto con el Dr. Lurdev Kush, Lampe viaja mucho.  Está allí donde haya semillas de especies amenazadas o cosechas problemáticas, llevando soluciones de recambio:  semillas, condiciones de riego, etc. El Banco trata también de hallar nuevas semillas que crezcan sin pesticidas.

En los arrozales de las afueras del bunker cohabitan semillas verdes que flotan en 40 cm. de agua con otras que crecen en tierra seca. Esto último es un logro con vistas a zonas desérticas de Africa. El especialista en genética dice que a veces es el propio viento el mejor ecólogo. Hay problemas que un outsider no ve; bajo el suelo filipino hay sal, si no se cultiva, la sal termina por invadir la superficie.

Se cultiva asímismo arroz en probeta. Se encarga de ellos el méxicano Dr. Javier Zapata que es el mayor enemigo del virus del arroz, del mundo. Según él a veces no duerme pensando en el arroz.

No sabemos lo que pensaría el dios japonés Inarisama, que según la mitología voló a China y llevó el primer grano de arroz. En Cambodia se dice que el arroz necesita tanto cuidado como una mujer  encinta. El arroz del año 2000 será más redondo pero también más robusto que el IR-36. Así como las hibridaciones pueden convenir para los Éstados Unidos  (necesitan manipulaciones genéticas y tienen inconvenientes que llenarían un reportaje) el criterio de los técnicos internacionales es que no conviene para Asia y China. Una planta híbrida, como se sabe, no se reproduce naturalmente. Convierte en “esclavos” de las grandes compañías petroquímicas o agroalimenticias a los agricultores. Necesitan pesticidas y los compran a esas multinacionales.

Tio Ben contra tío Tchu

El arroz “comercial” está bajo el signo de la competencia. El fin del IRRI es, a la larga, combatir la hambruna  inevitable –según ellos. Los Estados Unidos y Tailandia mantienen una guerra  abierta en la venta de ese cereal. Son dos mundos que se enfrentan en un campo de arroz. Por un lado, los campesinos descalzos sobre el pequeño arrozal, por otro sofisticadas avionetas lanzando toneladas de semillas en inmensos campos. Es el Tio Ben contra el Tío Tchu, aunque para el marketing se haya hecho al Tío Ben de color negro.

Pero los hermanos de esta extraña comunidad de Manila no prestan demasiada  atención a algo que, para ellos, es competencia, codicia, dólares. Preocupa mucho más, por ejemplo, hacer a los agricultores africanos autosuficientes como para no tener que depender de las semillas del Tío Ben o de las importaciones del Tío Tchu. El Dr. Sy, un patólogo africano, que aprende a marchas forzadas, dice que Africa es el mayor importado de arroz del mundo. Entre 1964 y 1997 las importaciones del continente negro han dado un salto del 384%.


Las sequías persistentes al sur del Sahara, las crisis de producción de trigo y yuca y otros factores han terminado por convencer a los africanos que lo más práctico es sembrar arroz. Pero no producen ni el 10%  de sus necesidades. El Dr. Sy, que está haciendo un curso en el IRRI, dice que “Africa necesita tiempo y cultura”.

Por otro lado vietnamitas y birmanos han establecido una ruda competencia en las ventas de arroz. Al IRRI le interesa que produzcan todo lo posible... para el 2020, en que parte de la humanidad tendrá que ayudar a la otra, gratis.

El derroche del Japón

El arroz está inserto en la vida cultural y social del Imperio del Sol Naciente. El IRRI se escandaliza un tanto del despilfarro nipón, uno de los pocos países que produce arroz y no lo importa. Pero ¿cómo lo come?. Pues con frijoles rojos y buenos tragos de saké  (alcohol de arroz) y otras exquisiteces locales. Se consumen tres tipos de arroz diferentes: el de la mañana, el del mediodía y el de la noche. Pero el IRRI aplaude sin embargo al gobierno nipón porque protege a los arroceros pobres.

El IRRI no compite y puso mala cara a los norteamericanos cuando “conquistaron” el mercado chino con híbridos que  no les convenían y les hicieron dependientes de las semillas de la Occidental Petroleum y de Cargil Seeds. Lamentable.

Hay en el bunker 100.000 variedades de arroz, de las cuales las más corrientes son el “Oryza sativa”  y el Oryza Glaberrima” que se dividen en tres especies, la Indónica, la Japónica y la Javánica.  Cuando se fundó el banco se pensó en cultivar algo adaptable y fuerte. Eso se ha logrado. Los sacerdotes de esta colosal religión no están, sin embargo, satisfechos. Consideran que una metalización excesiva de los mercados puede ser nefasta para ese “juicio final” que ellos ven en el año 2020. En cierto modo, como en todas las religiones, esa legión de técnicos se ha fanatizado. ¡Con tal de que todos los fanáticos fueran como ellos!.

Biosfera-La definición del “parque nacional de la UNESCO”


Se suele hablar alegremente de “parques naci8onales”, pero siempre que sirvan al turismo de determinado país o determinada región de Europa o de América. Pero el ser parque nacional o pertenecer a “una reserva de la biosfera” como lo es por ejemplo, alguna de las islas Canarias (Lanzarote) y lo es, en Francia, Fontainebleau, lleva consigo unas obligaciones de gestióln, de cuidado, de preservación, que frenen la avidez turística por los lugares “exóticos”. Está bien que haya visitantes, “turistas” pero también guardianes de lo que se llama “preservación del patrimonio”. “HispaVista” trae aquí hoy la definición de estos santos lugares del hombre de los países y estados: “las reservas de la biosfera deben estar sustraídas a toda intervención susceptible de alterar su aspecto, la composición y la evolución de lo que vive y alienta allí.”