Una nueva era Glacial nos espera por nuestra culpa.


Londres.-Extraños fenómenos migratorios observados en África, la desaparición desde hace quince o veinte años de murciélagos, anfibios, especies de aves, mariposas, etc tienen preocupados a los climatólogos del mundo, porque suponen un misterio al que ningún científico ha sabido dar una explicación convincente.

 Desde luego el cambio climático tiene en gran parte su culpa. Ya en la XII Conferencia Internacional del Clima, celebrada en Nairobi (la primera vez en la África subsahariana) todos los delegados estaban consternados por la ola de calor y la sequías reincidentes, que según el economista Nicolas Stern podían costar al mundo siete trillones de euros. Algo hay que hacer; algo está cambiando.

  Los anti-Kyoto, encabezados por George W. Bush, presidente del mayor país contaminante del planeta, no ratificarán el Protocolo de Kyoto y si alguien espera que un nuevo presidente nortamericano lo haga, puede esperar sentado, dormitando.

  Ese grupo de científicos que predicen un enfriamiento  respaldan totalmente el “dolce far niente” de Bush. Lo encabezan Fred Singer, John Mac Kitrik, Steven Mac Yntire y Richard Lindzen, el más célebre meteorólogo de los Estados Unidos. Y el quizás más radical en cuanto  a enfriamiento es Zbigniev Jaworoski, quien dice que “la civilización occidental será barrida por el hielo”.

  El 2004 se despedía con un tsunami en Indonesia que provocó 232.000 muertos. Unos días después, un temporal de lluvias en el norte de Europa causa 18 muertos y obliga a evacuar a miles de personas. En febrero el agua cobra de nuevo protagonismo, primero con intensas nevadas en Pakistán que originan la rotura de tres presas. Luego serán las lluvias torrenciales las que acaben con la vida de 630 pakistaníes. La tierra tiembla en Irán y se cobra la vida de 602 personas. Al mes siguiente una ola de frío sin precedentes deja un reguero de 500 muertos en Afganistán. Unos días después esa misma zona se ve invadida por el agua y mueren 200 personas. Antes de que acabe marzo, la tierra se estremece con una fuerza de 8,7 grados Richter en Indonesia y causa más de 2.000 muertos. China, desgraciadamente es protagonista en el mes de junio. Primero por las lluvias torrenciales en las que perecen 88 personas y desaparecen 75. Luego una avalancha de lodo arrasa toda una escuela de niños y sepulta a más de cien pequeños. Vuelven las aguas a salirse de sus cauces provocando la muerte a 80 chinos y dejando sin hogar a más de dos millones.

Empieza julio y el país de la Gran Muralla sigue padeciendo fuertes lluvias torrenciales que causan el desbordamiento de varios ríos. Balance, 669 muertos y 167 desaparecidos. El huracán "Dennis" hace un recorrido por Cuba, Haití y EEUU y deja a su paso 69 víctimas y más de 15.000 afectados. La India padece una de las mayores inundaciones de su historia y mueren por esta causa 891 personas. En agosto, Katrina se lleva la vida de 1.206 estadounidenses a su paso por Nueva Orleans y deja más de 1,5 millones de damnificados. En septiembre los tifones Nabi, Talim y Khanun visitan Japón y China sembrando la muerte a su paso. A principios de octubre un seísmo de 7,6 grados Richter rasga la tierra en la región de Cachemira, entre India y Pakistán, dejando sin hogar a más de tres millones de personas. Perdieron la vida 91.350. El huracán Stan visita Guatemala; deja 670 muertos. El huracán Wilma acaba con la vida de 22 personas en el sur de Florida. Y en el penúltimo mes del año las lluvias torrenciales asolan Colombia y dejan un balance de 80 muertos y más de 180.000 damnificados. La tormenta tropical Gamma a su paso por Honduras causa 32 muertos y 33.000 personas sin hogar. Como dato resumen hay que añadir que 2005 -según señalan los expertos- es el año más caluroso del que se tenga registro y que fotos tomadas este año vía satélite muestran que el hielo del Ártico se ha reducido en un 20% respecto de 1978. El dato más preocupante es la magnitud y velocidad de este deshielo que según comentan, carece de  precedente.

Todos esto no hace más que confirmar que "acabamos de dejar atrás uno de los años más destructivos respecto a desastres naturales y meteorológicos que hayamos conocido", según anunció en rueda de prensa Michel Jarraud, Secretario General de la Organización Meteorológica Mundial (OMM). Los científicos alertan de que el impacto del cambio climático es mucho más rápido de lo que hace tiempo se pronosticaba. Nos encontramos ante un período impredecible de la historia que no cuenta con antecedentes

  Respecto a las olas de calor y la sequías, algunos alegaron que ninguna de las actuales puede compararse con la sequía de 1976, en aquel dramático verano en que el Norte y Africa se vieron azotados por la sequía del siglo.
  Y eso por no recordar la ola de calor record del siglo que vivimos, que se produjo en setiembre del 2003 y que provocó incendios forestales, afectó a la producción agrícola europea y causó miles de muertes en Francia y España.
     Según Michael Knobelsdorf, célebre meteorólogo alemán, Europa –desde que existen registros (l870)- jamás había conocido un periodo seco tan prolongado.

 Una máquina natural rige el tiempo atmosférico –una máquina de aire, agua y hielo, movidos por la luz del sol. O por “El Niño”.O por los tsunamis.¿Pero es que el hombre  conoce  su funcionamiento? he ahí el quid del problema .
  El hombre no alcanza a conocerlo, esa es la realidad.

El que en Europa haga sol o nieve depende en gran parte de lo que ha sucedido en Terranova hace unos días, en los océanos tropicales durante las semanas pasadas y en el Ártico a lo largo de todo el año. También depende –para las regiones mediterráneas y costa cantábrica de la península ibérica- de la Corriente del Golfo de México, que templa algunas zonas del viejo continente. Luego nos referiremos a eso.

A causa de estas interconexiones el tiempo hay que estudiarlo globalmente y es por eso que se suele hacer lo que se llama Experimento Atmosférico Global, en que se movilizan muchos elementos. Las 9.500 estaciones atmosféricas a lo largo del globo y cientos de globos atmosféricos y boyas, las observaciones de los satélites meteorológicos, etc, permiten un estudio en profundidad del tema que tratamos. Y aún así...

Mirando a los climas del pasado en relación con el de hoy, se puede leer el libro de bitácora de los viejos marinos o medir los círculos paralelos de los árboles centenarios... si quedan. En cuanto a las opiniones de los climatólogos a veces alarmantes y con  frecuencia contradictorias, las posiciones se pueden resumir o encajar en tres grandes pronósticos en cuanto al tiempo que reinará del 2010 en adelante.

Una “breve era glaciar”

  El tiempo está empeorando. Algunos climatólogos piensan que el hemisferio norte se está enfriando claramente desde 1950 y que la estación apta para recolectar las cosechas es más corta de lo que solía ser hace cuarenta años. En este aspecto 1940 representa el climax, en calor, a partir del cual vamos a un clima frío similar al del siglo XIX. Quizá a una “breve era glaciar” parecida a la que experimentó el hemisferio norte del siglo XV al XIX.

Shakespeare (1564-l6l6) solía decir con frecuencia cuando hacía frío en Inglaterra: “Hoy también ha llegado la leche completamente helada a casa”. Pero más de dos siglos después, el gracioso personaje de Dickens, Mr Pickwick, se la pasaba jugando sobre el Támesis helado. Hubert Lamb, un pionero de la investigación climática moderna, director hasta fecha reciente de la Estación de la Investigación Climatológica de Norwich, opina que vamos hacia un período de estaciones más frías y más variables, que probablemente se parecerán a las de la Inglaterra de esos días…

¿Cuál puede ser la explicación de esta “breve era glaciar?”, que se parecerá a la comprendida exactamente entre 1430 y 1850. Tom Wingley, sucesor de Lamb, dice que está causada por fenómenos solares. Y Murray Mitchel, un distinguido climatólogo norteamericano halla evidencia clara en un ciclo de 22 años de sequías que han azotado a su país. Este ciclo será más agudo desde el siglo XXII.

Los registros astronómicos muestran una extraordinaria escasez de manchas solares de 1645 a 1715, con lo que se produjo un período de mucho frío. John Eddy, del Centro Nacional Atmosférico de los Estados Unidos, dice que la intensidad solar cambia en ciclos de 2500 años. Si eso es cierto la leyenda germánica de hace más de un millar de años referida a Islandia en la que se lee: “El fin del mundo empieza con un verano que no es verano” –parece una lúgubre profecía. ¿Es que en 1998 hubo realmente un  verano-verano?


 Una Era Glaciar Total

La segunda tesis es que vamos a una era glaciar total. Con esto determinados meteorólogos no se refieren a un cambio perceptible aunque no dramático de un año a otro sino a una Era Glaciar Total, como la que hace 12.000 años sumió en un desierto de hielo a Gran Bretaña, Holanda, Bélgica, Escandinavia, Francia y parte del territorio europeo de la ex-URSS. Los estudios oceanográficos y ciertos depósitos de tierra peculiares hallados en Checoslovaquia por los investigadores, revelan que ha habido 20 eras glaciares en los últimos millones de años y el calor interglaciar nunca duró más de 10.000 años.

Durante largos años la llamada Era Milankovich ha sido mantenida por muchos climatólogos. Cambios calculables en la orientación del eje de la tierra y en la forma en que ésta orbita alrededor del sol, reducen la intensidad de la fuerza del sol necesaria para derretir las nieves del Norte. En l984 un estudio definitivo hecho por los norteamericanos James Hayes y John Imbrie y el inglés  Nicholas Shackleton, apuntalaron la teoría de la Era Milankovich. Un descenso gradual –dicen los mantenedores de esta teoría- comenzó hace unos 5.000 años y si la naturaleza no cambia su curso (lo cual es improbable), el mundo irá paradójicamente enfriando.

Por su parte el alemán Hermann Flohn incide en la discusión para decir que los fríos pasados estos últimos inviernos se deben a que el hielo del Antártico al derretirse se ha “filtrado” en el océano Atlántico, enfriando el mundo entero. Las consecuencias de tal hecho para un mundo de 4.500 millones de habitantes han sido catastróficas y eran previsibles además por las migraciones de las aves, totalmente anárquicas y la desaparición de los caracoles del norte de Alemania, las ranas en Europa, etc.
  Las corrientes marinas llevan aguas cálidas del trópico a latitudes más elevadas, evitando así  que estas zonas se congelen; en las zonas polares el agua se enfría y eso la empuja de nuevo hacia el sur. Se sabe que una de las funciones básicas que cumple esa corriente es calentar las latitudes más elevadas, por lo que si dejara de fluir estas se congelarían. Muchos climatólogos atribuyen las eras glaciares al mal funcionamiento de esas corrientes.
El calor errático, pero malvado

El temor de William  Kellogg, del Centro Nacional de Investigaciones de los Estados Unidos, es que el hombre ha dañado irreversiblemente la atmósfera con el bióxido de carbono o anhídrido carbónico, además de otros poluentes. Está, por otra parte, la destrucción de las grandes zonas boscosas, una de cuyas reservas es la Amazonia. Cuando se termine por completo la carretera transamazónica, según ese científico, el mundo tendrá de uno a cinco grados más que lo normal  de temperatura.  El agua del océano Atlántico subirá hasta tres metros y se verán otros fenómenos dañinos para el hombre.

  En esto influye la degradación, por polución –“el invierno ácido”-que cantaron los Beatles, de los grandes bosques  de Alemania, incluida la Selva Negra. El Pacífico inundará las costas. Mucho de eso ha sido tratado en  la Conferencia Internacional de Berlin sobre el Clima, el pasado febrero (2008), en que la presidenta Barbara Unmussig denunció con cifras pavorosas  la destrucción de la Amazonia.

 Fue invitado como representante de los pueblos indígenas de ese territorio, Almir Surui, de la Asociación Indigenista COIAB, que representa los 20 millones de habitantes de la Amazonia. Esa  federación que agrupa a 75 organizaciones amazónicas de 3l regiones diferentes, de 200 pueblos indígenas distintos, pidió dramáticamente la cooperación internacional para terminar el expolio, el genocidio, la deforestación, la bio-pirateria y demás lacras que Occidente ha generado allí.
  Tan sólo un control internacional que termine con los gobiernos centralistas que “controlan”, el descontrol de la Amazonia, pueden salvarla. La IX Conferencia sobre la Convención de la Diversidad Biologica de las Naciones Unidas, que tuvo lugar en Bonn, hace unos meses, exigió la protección de la Amazonia, no en nombre de de cualquier estado inoperante, sino en nombre del Planeta Tierra.
  El bióxido de carbono explica Kellogg actúa como el cristal de un invernadero que deja pasar el sol pero no permite que el calor invisible escape de la tierra al espacio. La conclusión de esta tercera teoría, en suma, es el recalentamiento del planeta Tierra.

Los optimistas muy “sui generis”

Los optimistas consideran el impacto humano sobre el clima como un signo positivo: “en realidad el hombre puede controlar el clima”,afirman, sin ver el descontrol total actual, con el Protocolo de Kyoto,en espera de un  glaciación o de un extraño milagro..     Por ejemplo –dicen- se podría conjugar el empleo del bióxido de carbono contra los efectos de la Era Milankovich que amenaza con sumergirnos en la Era Glaciar. Ese es un pensamiento más que utópico, casi neurótico.

Pero contra tal tesis se interponen sutiles pero graves inconvenientes y uno de ellos es el técnico. Incluso si el hombre pudiera establecer el clima que quisiera, sería preciso que todos los hombres se pusieran de acuerdo. Pero también el clima puede cambiar inexorablemente fuera del alcance del hombre mientras la discusión se eterniza. ¿Qué pasa si los hielos de Groenlandia y del Antártico, al calentarse la tierra, se van derritiendo como ha ocurrido en inviernos pasados en el  Norte y Centro?

  Estudiar los climas como un todo es difícil. Por otro lado algunos cambios particulares en el clima puede dañar algunos países y beneficiar a otros y la cooperación internacional se hace imposible, porque los intereses de los grandes y los otros están polarizados y eso que no se toma nunca en cuenta  problemas étnicos, políticos, raciales de otros mundos que ni están en el mapa de los poderosos. Pensar que desde la Casa Blanca, el que llegue, va a cambiarlo todo, es una quimera. Ya lo hemos vaticinado en varias ocasiones. Ni Lincoln podría y puede que ni siquiera lo intentara a nivel interno.
  Todo va cambiar, pero para seguir igual. Si llegara al Salón Oval, Nelson Mandela, por ejemplo, tendríamos, siquiera, fe.