¿Se puede salvar Venecia?



Para realizar este gran reportaje -al menos por su largura- todos los “DiásporaWEB” en torno al editor, han puesto su granito de arena. Como debe ser. Teníamos que contar una historia de la historia de un la como la de una personaje llamado Venecia que nace, vive, ama, recuerda su pasado y ahora esa sola frente al mar que amenaza con tragarla en su hora undécima. Si empezábamos por su peligro de muerte, víctima del calentamiento global,  teníamos que mencionar también al grupo de idealistas que hicieron Venecia en el arte, la arquitectura y plasmaron una cultura irrepetible y a través de muchos siglos de lucha contra el mar. Y supieron darle  una identidad real, sin necesidad de máscara

Pero teníamos que mencionar siquiera, los enormes intereses económicos que se han movido en torno a la explotación de sus tesoros artísticos, de sus leyendas, de su geografía y su carisma, de cara a los turistas. Todo esto, combinado, le ha llevado donde está, a través de planes millonarios e irrealistas, sin ninguna visión de su precario equilibrio ecológico y desprecio del medio ambiente. Al final se trata de lo que a Venecia le depara el futuro, según los científicos y así la interrogante  del título queda contestada. Un mañana que no parece lejano no le traerá laurel.
 
La Historia de Venecia

Venecia, desde su origen hasta hoy convive con el agua: los primeros habitantes, en su huida ya en la laguna, y, a causa del terreno pantanoso, se vieron obligados a construir palafitos para vivir. Estos palafitos, poco a poco, fueron evolucionando para constituirse en una de las ciudades más bellas del mundo (ya desde el siglo XII), que con el agua mantenía un idilio turbulento de amor y de odio.

En la Antigüedad esta región estaba habitada por el pueblo véneto. Aunque al principio del cristianismo la laguna ya estuviera poblada por pescadores y cazadores, la verdadera colonización fue en el siglo V, cuando los habitantes de la tierra firme se trasladaron a las 118 islas  de la laguna para escapar de las invasiones de los bárbaros, primero de los hunos y luego de los Longobardos y de los germanos. Entonces, ya establecidos formaron un pueblo con su propio gobierno presidido por 12 tribunos, tantos como islas principales había. Casi desde el principio esta comunidad fue autónoma y obtuvo su independencia en el siglo IX. El gobierno de la ciudad lo ostentaba un dux o dogo, cargo de carácter vitalicio, no hereditario

 La  calle principal de Venecia acuática era y es el Canal Grande, por el que cada día van y vienen muchas embarcaciones que se mueven de una parte  otra de la ciudad; 446 puentes de piedra, hierro o madera unen las calles y callejuelas de la Serenissima. El agua es la particularidad que la distingue de todas las ciudades del mundo.

 La confederación de la Laguna no era independiente, sino que le debía fidelidad al Imperio Bizantino, y el año 812 pasó a ser una de sus provincias. Constantinopla  concedía a Venecia privilegios porque era un punto importante para el comercio entre Oriente y Occidente. Cuando Carlomagno y el emperador de Bizancio firmaron el tratado de Aquisgrán, la influencia de Bizancio se vio muy reducida, como demuestra el hecho que el año 828 los venecianos le robaron a Alejandría el cuerpo de San Marcos, al que nombraron patrón de la ciudad, desplazando a San Teodoro.

 Esta historia es fascinante y queda enmarcada dentro del carácter de los venecianos. Ocurrió que dos mercaderes venecianos Buono Tribuno da Malomocco y Rustico da Torcello robaron el cuerpo de San Marcos de su tumba de Alejandría en Egipto y lo escondieron en una carga de carne de cerdo para que los guardias musulmanes no lo descubrieran. Cuando llegaron a Venecia, lo donaron al dux. Colocaron la preciosa reliquia en el castillo del dux Giustiniano Partecipazio y empezaron inmediatamente a construir un santuario siguiendo el modelo de la basílica de los Doce Apóstoles de Constantinopla, que fue consagrada en el año 832.

En el año 1000, el dux consiguió frenar muchos asaltos de piratas eslavos, y esta victoria se celebró con las bodas entre Venecia y el Mar, para confirmar su supremacía en auge. El poder de Venecia aumentó  gracias a las cruzadas, sobre todo con la cuarta, en 1204, en la que los venecianos utilizaron a los cristianos como mercenarios para derrotar a Constantinopla. Después de esta victoria, Venecia se aseguró el control del comercio y se convirtió en una de las potencias más importantes de la época.
En 1453, Constantinopla cayó en manos de los turcos y los venecianos perdieron muchas posesiones. Con la llegada de Colón a América en 1492 y con la nueva ruta marítima hacia las Indias de 1500, Venecia empezó a perder el monopolio del comercio. En los siglos posteriores, la alianza entre España y Portugal, el auge comercial de Génova y las derrotas ante los turcos, debilitaron todavía más a la Reppública Veneciana, que aún así consiguió mantener su independencia hasta la llegada de Napoleón en 1797. Más tarde, con el tratado de Campo Formio, Napoleón entregó la ciudad al Imperio Austro-Húngaro y se repartieron sus posesiones. Venecia pasó a pertenecer al Reino de Italia tras la tercera guerra de independencia en 1866.



Esplendor, desarrollo y la vida opulenta de los patricios en sus palacios

Venecia  alcanzó su máximo esplendor entre los siglos XVII y XVIII cuando la República Véneta dominaba todo el nordeste de Italia, Dalmacia y unas cuantas islas del Mar Egeo, incluidas Rodi y Chipre.  Los mercaderes de Venecia comerciaban con todos los puertos del mundo. Había venecianos en los puertos del Oriente Medio, de India y hasta de China. Hubo, en aquellos siglos, un gran desarrollo del arte y de la cultura (pintores, escultores, arquitectos) que se plasmó en la "Commedia dell´arte".El celebérrimo teatro veneciano cuyas representaciones más significativas triunfaban en todas cortes europeas.

De estos espléndidos tiempos, nos han llegado  importantes obras pero también esa atmósfera tan dulce y algo misteriosa que se respira paseando por sus estrechas callejuelas ("calli") o navegando lentamente por sus canales en las famosas "gondole" (góndolas) escuchando cantar a los "gondoliere" nostálgicos.

Los curiosos que, en un período breve, quieran evocar la historia de los patricios venecianos y de su estilo de vida pueden recorrer las villas del Véneto, tan imponentes y hermosas como las de la Toscana o las de Lombardía. Hay alrededor de tres mil bellas mansiones dispersas en los alrededores de Vicenza, de Verona, de Padua, de Treviso, construidas a lo largo de cinco siglos.

Las más antiguas son del 1400, como la de Portocolleoni, levantada por el arquitecto Domenico Da Venezia, en la que todavía se advierten restos de la mentalidad bélica de los nobles o de los ricos importantes. El cuerpo central, se halla flanqueado por dos torres , que hoy lucen un carácter más bien decorativo que defensivo. Los grandes señores venecianos se habían hecho ricos comerciando con Oriente, pero a comienzos del siglo XV extendieron sus negocios a tierra firme y buscaron crearse en la campiña vecina residencias rurales donde pudieran pasar los días y la noches de verano, acompañados por sus amigos y amigas. Surgió entonces una sociedad romántica y  festiva. Grandes mesas de banquetes se tendían en los jardines de las propiedades, bajo los árboles. En las galerías los músicos contratados ofrecían conciertos, con sus cánticos acompañándose de instrumentos de cuerda.. Los ambientes de recepción se convirtieron en salas de baile.

Por supuesto, también se levantaron acogedores refugios en las islas de Murano, de Torcello, de Burano y de Malamocco, sin otra finalidad que la recreativa. Tan sólo en el siglo XVI algunos ricos venecianos sospecharon que el poderío comercial de la República  se venía abajo por efectos del descubrimiento de América, así como por el lento pero implacable dominio que Turquía fue desplegando en todo el Mediterráneo oriental. Entonces, volcaron sus esfuerzos en sus posesiones campestres.

El patriciado compró grandes extensiones entierra firme, Treviso, Padua, Rovigo. Durante tres siglos, la dedicación de la aristocracia véneta a la tierra convirtió las áreas no cultivadas en extensos sembrados, en prados irrigados. Las llanuras se poblaron de árboles frutales; los viñedos rodearon las casas señoriales y proporcionaron a sus dueños una nueva fuente de ingresos, así como de sus propios vinos. Se puede decir que abandonaron la Veneciaacuática y eso no contribuyó a mejorarla.

Palladio, el inspirador de los arquitectos italianos aún hoy.

Desde el punto de vista de la arquitectura, el siglo XVI estuvo dominado en el Véneto por la figura genial de Andrea Palladio. Los magníficos edificios que erigió en los alrededores de Vicenza, de Padova, de Treviso, crearon una escuela. A Palladio todavía se le imita hoy, según confiesan los arquitectos posmodernos. Es una de sus fuentes de inspiración más tradicionales. A diferencia de los constructores anteriores, Palladio unió la casa principal, en la que vivían los señores, al resto de sus dependencias  que tenían funciones campestres y de ocio. Al centro del complejo se llegaba por unas señoriales escaleras de madera, de efecto casi teatral, pero ese corazón del palacio estaba unido a los anexos por  intrincadas galerías que se ven en las películas de la época.

Entre las creaciones más famosas de Palladio en el Véneto, se encuentran Villa Badoer, y por supuesto, la célebre Villa Foscari, más conocida como La Malcontenta, de 1560, en Gambarare di Mira, si la oleada de turistas lo permite.

Mientras que en el siglo XV las pinturas murales no eran muy frecuentes, en 1500, la influencia de Palladio hizo que los frescos se convirtieran en la principal decoración y riqueza de las moradas rurales. Paredes enteras eran ilustraciones de escenas mitológicas o de la Biblia. Veronese ejecutó obras magníficas en Masèr (Treviso), en Lonedo (Vicenza) y en Mira (Venecia).

El gusto por la imaginería renacentista hizo que se concibieran ambientes enteros en los que el pintor de turno pudiera exhibir su talento. La influencia de Palladio se hizo aún más fuerte en el siglo XVIII, y Tiépolo se transformó en el artista más requerido para decorar los grandes salones .Pero además los patricios venecianos compraban telas de Francesco Guardi, de Longhi, de Canaletto.

Entre esas mansiones del siglo XVIII que marcaron, al mismo tiempo el esplendor y el ocaso de las residencias campestres, se destaca Villa Pisani, cuyo techo del salón de baile fue pintado por Tiépolo. Allí se alojaron numerosos reyes y famosos personajes, entre ellos Napoleón Bonaparte.

 Scuola de San Rocco, Tiziano y Tintoretto: lo increíble por su belleza

En el intrincado laberinto de las callejuelas de agua venecianas se encuentra uno de los máximos tesoros de la ciudad , la Scuola Grande di San Rocco, de construcción renacentista de majestuosa belleza con sus columnas acanaladas, el vasto pórtico lateral y los frontones triangulares en lo alto. Pero el flujo de visitantes que llegan todos los días hasta la Scuola lo hace atraído por el magnetismo del ciclo de pinturas realizado por Tintoretto a mediados del siglo XVI, entre ellas, las seis obras más importantes de gran maestro que se  exhiben en ese museo

 Pronto la Scuola, ayudada por una serie de circunstancias y de creencias, profanas y religiosas. se transformó en una rica y poderosa comunidad, que ayudaba a los pobres y las víctimas de las muchas epidemias que sufrió Venecia a lo largo de los años.

Una de las imágenes de la Scuola, el Cristo llevando la Cruz, atribuida ya a Tiziano o a Giorgione, estaba considerada milagrosa, lo que favoreció numerosas y donaciones y ayudas de los venecianos. El prestigio de la Scuola creció tanto que los más grandes pintores venecianos se disputaban el honor de decorar las salas de la nueva construcción. Dos de los competidores más acérrimos eran Veronese y Jacobo Tintoretto, cuyo nombre provenía del oficio de su padre, Giovanni Battista (un tintorero que teñía sedas).


 En 1546 se autorizó al Gran Guardián de la Scuola que encargara la decoración de las paredes de la llamada Salla dell'Albergo, por concurso entre los muchos artistas de la época. En 1553, nada menos que Tiziano, el artista más prestigioso y cotizado de Venecia en aquel momento (y durante un tiempo maestro de Tintoretto), propuso pintar una gran tela destinada a ese espacio. Por distintas circunstancias, ese generoso ofrecimiento no le fue aceptado a Tiziano. Aquí la leyendas oscurece la historia. Pero se sabe que para él, tal rechazo constituyó una ofensa.

 Pero Tintoretto, su discípulo, tuvo un gesto de audacia, presentó la obra terminada como regalo, la misma que hoy corona la sala, la célebre Gloria de Venecia.
El interés de Tintoretto por decorar toda la Scuola de San Rocco era tan grande- dicen que quería vengar el rechazo a su maestro Tiziano- que decidió hacer muchos de los trabajos en forma gratuita. Por muchas de las pinturas del gran artista, la cofradía sólo tuvo que pagar el costo de los materiales. En sólo dos años, Tintoretto completó la Salla dell'Albergo.

No hay un centímetro ni en el techo, ni en las paredes, ni en el piso que no esté suntuosamente decorado. La mirada se pierde en ese bosque de formas, de colores, de materiales preciosos. En 1581, Tintoretto terminó los cuadros más importantes de la sala superior y, al año siguiente, se puso a trabajar en los de la sala de la planta baja, ocho grandes telas que revelan la madurez y la audacia de concepción del artista: La Anunciación, La adoración de los Reyes Magos, La huida a Egipto, La masacre de los inocentes, Santa María Magdalena, Santa María de Egipto, La circuncisión y La Asunción de la Virgen. No es de extrañar que Venecia y sus inmensos tesoros artísticos sean un gancho al que se aferra un mundo que en medio del materialismo actual sienta una nostalgia y simpatía por quienes  lo daban todo al arte por el arte. El verdadero tesoro de Venecia.

1966: Cuando el “acqua alta” se desmadra, empiezan los problemas.

La convivencia de esta ciudad con el mar no siempre es fácil, porque también existe el fenómeno del “acqua alta”, la marea alta: son días o semanas o a veces meses en que el agua cubre el suelo de Venecia a causa del veleidoso Adriático, sus iras, sus corrientes y el viento. Este fenómeno es más frecuente en los meses que van de noviembre a mayo. La parte que se sumerge primero es la Plaza San Marcos, que es el punto más bajo de la ciudad, y la plaza se vuelve todavía más espectacular, si no entramos en el detalle de los daños, que no se ven en las bellas fotografías. Pero por muy fascinante que pueda resultar el panorama que ven nuestros ojos, la frecuencia de este fenómeno está aumentando cada año y está dañando los cimientos de las casas y los demás edificios. Venecia se hunde centímetro a centímetro. En noviembre de 1966 el cielo desató todas sus iras sobre el Adriático y sobre Venecia, justo en compañía con el mar. La marea alta, inundó la ciudad en dos horas. Y todo  quedó a obscuras sin energía eléctrica y sin los servicios más elementales. Faltaba incluso el agua potable.

Cuando la tormenta pasó los gondoleros se dedicaron a rescatar a gente que se había refugiado en los campanario
os de las iglesias. La plaza de San Marcos era un mar. Unas diez mil viviendas quedaron inundadas.

La conmoción puso en marcha un sinfín de iniciativas: se multiplicaron los comités nacionales e internacionales, las comisiones de estudios, los convenios y los proyectos. También los grandes organismos supranacionales se pusieron en alerta, empezando por la UNESCO, que trasladó a Venecia la Oficina Regional de Ciencia y Tecnología para Europa (ROSTE)  y emprendió un grandioso “Proyecto Venecia”, fragua de estudios y encuentros que analizaban con lupa todos los aspectos de la ciudad y su laguna: historia, geología y morfología, dinámica de las aguas, procesos químicos y biológicos, contaminación, demografía, tráfico y saneamiento de los canales.

Desde entonces, se han realizado muchos proyectos para proteger Venecia y algunos  se  activaron, pero harán falta años antes de que se terminen. Y las previsiones no son muy halagüeñas.

Ninguna ciudad del mundo ha sido estudiada tan a fondo, como si se tratara de un enfermo delicado. De ninguna se han desentrañado tan minuciosamente las causas de su apogeo y decadencia. Pero probablemente tampoco existe otro caso donde tanto ahínco haya cosechado tan escasos frutos porque inexorablemente. El nivel de Venecia bajaba, el del agua subía.

Sin embargo, bien mirado y aun a riesgo de caer en el esquematismo, todo este complejo asunto puede resumirse en dos frases. Pueden leerse, redactadas en jerga burocrática, en la ley más importante nacida del gran pánico de 1966, la número 798 de 1984. La primera frase dice que las obras cuyo objetivo es “Salvar Venecia” deben “restituir el equilibrio hidrogeológico en la laguna, frenar e invertir el proceso de degradación y eliminar las causas que lo han provocado”.Perfecto.
 
Es  decir, lograr que los canales recuperaran niveles aceptables (otras leyes incluso los especificaban: los 12 metros de profundidad), abrir de nuevo las lagunas a la pesca, cuidar las barene y las velme (las márgenes y las entradas) y limpiar los canales, que son las calles acuáticas por las que discurre el tráfico de la ciudad. No obstante, la segunda frase de la misma ley  decía que todas estas intervenciones deben llevarse a cabo “preservando los intereses productivos y económicos de la zona”.Desastroso.

En resumen, ateniéndonos al texto habría que elevar el fondo de los canales pero a la vez dejar que pasaran los grandes petroleros (un contrasentido ecológico-económico), redimensionar los puertos lagunares pero a la vez mantener el intenso tráfico actual, detener el oleaje pero al mismo tiempo permitir el transporte a motor de la oleada de millones de turistas a las islas de Torcello y Burano.... Cabría decir que la ley que la inspiró quería quedar bien con Dios y con el Diablo.



La inquietud por Venecia es antigua. Entre 1774 y 1797 se plantaron los célebre “murazzi” (diques) sobre varios kilómetros del litoral. Era la primera respuesta semitécnica de la época.  La República ha transmitido de generación en generación ideas siempre empíricas que no han servido para un salvataje definitivo, aunque a veces lo pareciera.

Pero …¿qué es Venecia?. Ensayando una definición de un puñado de hombres valientes

Alguien la ha definido como un grupo de hombres testarudos y valientes que decidió un día transformar lo provisional en estable y de padres a hijos, luchar contra los elementos como equilibristas paseándose por la cuerda floja y fundar un hogar sobre las aguas a veces turbulentas del  Adriático. Dispuestos a enfrentarse en cualquier momento “con pico y pala” a los esfuerzos del mar o de la tierra por lograr este  difícil equilibrio, tuvieron siempre una única meta: mantener viva y rica Venecia, ciudad de piedra y mármol preciosos edificada sobre suelo pantanoso, como si se tratara de una urbe de tierra adentro. Una utopía a imagen de la más frágil entre todas las ciudades, pero capaz de dominar un vasto imperio.

Aquellos obstinados vénetos empezaron secando tierras, excavando canales y desviando los ríos. Fue así como un gigantesco proyecto que comenzó en 1501 y terminó dos siglos más tarde. Desviaron los tres cursos principales de agua que desembocaban en la laguna. El Sile, el Piere y el Brenta. Posteriormente y cada vez con más frecuencia, hubo grandes obras públicas y privadas dictadas por el crecimiento económico y militar de la Sereníssima, destinadas a adecuarla al mayor calado de los barcos mercantes y militares, que de esa manera podían entrar en la laguna y llegar hasta el puerto o el arsenal de Venecia.

Stefano Boato, profesor de ordenación del territorio de la Universidad de Venecia -explica- “A pesar de que se realizaron con tecnologías cada vez más agresivas, esas intervenciones dejaron siempre a la laguna el tiempo justo para salir de un nuevo equilibrio para entrar en otro”. Lo mismo sucedió con los siguientes esfuerzos, realizados en la segunda mitad del siglo XIX, cuando Venecia pasó a formar parte definitivamente del Reino de Italia (1866) tras haber estado en manos de Francia y de Austria.

Entre 1867 y 1930, en diez ocasiones las góndolas han podido circular justo por toda la laguna con más de 1,10 metros de agua bajo su quilla, incluso en la plaza de San Marcos. Las cosas se deterioraron entre 1950 y 1970  por causas conocidas como el hundimiento del río Po en la península italiana, el lento deshielo polar, los desechos industriales altamente contaminantes que dañan cada vez más el agua de las capas subterráneas y vierten más veneno en la laguna. “En ese momento, el equilibrio que se había mantenido siempre y que había logrado recomponerse cada vez durante siglos de interrelación entre la evolución natural del territorio y la intervención humana se hizo pedazos. La situación se tornó dramática”, señala Boato.

La laguna, ecosistema irrepetible formado de agua dulce, salobre y salada, se estaba transformando sin remedio en un brazo de mar en su parte central y en un pantano fangoso en sus zonas periféricas. Allí donde en tiempo de la Serenissima no se permitía excavar canales de más de cuatro metros de profundidad hay hoy autopistas de agua cuyo fondo supera los 20 metros.

Los sucios petroleros monococos, los grandes buques de carga y las poderosas canoas a motor súper cargadas de turistas levantan olas que destruían las velme y las barene, anulando el juego espontáneo de llenos y vacíos que frenaba el avance de las mareas.

Todo ello contribuyó a aumentar la erosión, que destruye el terreno del fondo de la laguna e incluso los cimientos de los edificios. Según cálculos del Consorzio Venezia  Nuova, cada año desaparecen así 1,2 millones de metros cúbicos de tierra., cifra que la Provincia de Venecia eleva a cuatro millones. Los pescadores de almejas que las recogen en lo que “eran” los fondos de la laguna, sistema de pesca prohibido pero ampliamente tolerado, contribuyen también a la erosión. A todo ello se añaden las piscifactorías, que reducen el área de expansión de las mareas precintando con diques sus valles de pesca. Por último, 120 años de bombeo de las aguas del subsuelo, entre 1850 y 1970,   hicieron descender en 10 centímetros el suelo de Venecia, que se suman al hundimiento general de toda la región y al aumento del nivel del Adriático.
 
Además para que los petroleros pudieran atracar en el puerto industrial cercano de Marghera se excavó el Canal del Petróleo, recto y de 15 metros de profundidad, rompiendo el frágil equilibrio ecológico de Venecia.

1986: Veinte años después, empieza a funcionar el “progetto”

Pero pasando varias páginas de la historia hacia el futuro, nos situamos en la década de los 80,exactamente en el 14 de noviembre de 1986, veinte años después del “acqua alta” del 66. Ese día se dejaron sentir las primeras vibraciones de los taladradores gigantes. El silencio del 66 había sido roto,pero había durado 20 años. Era el comienzo de un “progettto”, de un genial  dispositivo que se puede decir que salvó la villa por tres o cuatro años aunque costó 900 millones de dólares y los importantes dijeron al comenzar que se terminaría en tres años y que salvaría la ciudad ”per sempre”.

Antes de empezar los trabajos del “progetto” se construyó en los laboratorios de Voltabarozzo (cerca de Padua) una maqueta gigante sobre la que  trabajaron muchos meses, técnicos de toda Europa. Se hicieron simulacros en laboratorio para estudiar los efectos del cierre de la boca del Lido sobre corrientes artificiales de 400 litros por segundo. Todos salieron satisfechos.

Naturalmente, mientras duraron las obras en 1986-87 sufrió el tráfico marítimo. Se preveían la realización de un puente submarino entre Venecia y los enlaces para el abastecimiento de las  instalaciones y la circulación de aire comprimido que haría funcionar los diques. El talón de Aquiles de esta titánica obra era el fondo movible de la costa que ya se conocía. Este debería ser reforzado para evitar lo que los ingenieros llaman el “efecto sifón” que podría hundir la laguna en poco tiempo. Se iniciaron en la isla de Pellestrina los trabajos para la erección de varios “murazzi” de 18 metros de profundidad.

Por otro lado, gente importante de la propia Venecia que explota el turismo y sus industrias, con o sin licencia oficial,  impulsó la realización de canales profundos  sin orden ni concierto para que pudieran circular “naves a motor comerciales” más eficaces que las pobres góndolas. Se calcula que cada “acqua alta” introduce en la ciudad 320 millones de metros cúbicos de agua. Si se aislara la ciudad, la ausencia de un buen alcantarillado, haría que los sucios canales se convirtieran en una especie de mar muerto envenenado y peligroso para la salud de los habitantes. Una cloaca perfumada. Las cifras de los especialistas son dramáticas. En las aguas de la laguna circulan 600.000 toneladas de hierro y unas 60 mil de mercurio y plomo procedentes de las industrias de tierra firme vecinas.

Toda ciudad puede describirse como una gran máquina, que debe ser revisada y reparada, Venecia, con sus casi 50 kilómetros de canales en cuyos fondos se acumulan alrededor de medio millón de metros cúbicos de lodos, atravesada por 446 puentes y con unos 100 kilómetros de márgenes, en su mayor parte correspondientes a  los sótanos de los palacios, iglesias y conventos conocidos por los libros de arte lujosos del mundo entero.¡Cuanta belleza!. Aunque la necesidad de limpiarla  y mantenerla parecía evidente, fueron necesarios años de pírricas discusiones antes de poner en marcha las labores de limpieza.

El resultado fue Insula, una sociedad mixta (52% en manos del municipio de Venecia y 48% propiedad de cuatro empresas privadas) nacida en julio de 1997 con la misión de proyectar y gestionar el mantenimiento de la maquinaria urbana de Venecia. Se perdieron otros diez años preciosos sólo para llegar a un acuerdo en lo fundamental.

En poco más de tres años de trabajos, basándose  en una enorme masa de estudios sobre la ciudad realizados por la Oficina de la UNESCO de Venecia, Insula ha excavado más de 22 kilómetros de canales, extraído 123.000 metros cúbicos de lodo y restaurado 79 puentes. Pronto empezaría el cableado con fibra óptica de toda la ciudad  porque, para sobrevivir, Venecia necesitaba también convertirse en una ciudad de ciencia e investigación  avanzada, que dirigía el mítico Instituto Censis.



Venecia 2000: la ciudad de los ancianos.¿decadencia o inseguridad?

En 1951 las 118 islas unidas por 160 canales que conformaba el centro histórico de Venecia, vivían 175.400 personas, Eso era lo que se suponía. Pero se hizo un rápido censo y la sorpresa fue mayúscula: en 30 años, la población “autóctona” había descendido a 68.000 almas y se preveía que en lo sucesivo la edad de la población iría disminuyendo al mismo ritmo. Descontando los estudiantes, que los propietarios de las habitaciones en alquiler no declaran para evitar pagar impuestos, los residentes menores de 19 años representan una parte insignificante de la población y la edad media de los venecianos,  en el 2000 ya era superior a 50 años y  seguía aumentando.
 
Los venecianos se van y con ellos las instituciones que tenían su sede en la ciudad. Eso es sintomático: todos parecen huir de un “acqua alta”, que adivinan acecha día o noche. Se fueron muchas empresas. Entre ellas: la empresa de seguros Assicurazioni Generali, el diario Il Gazzettino, las oficinas regionales de la compañía aérea Alitalia, la sede de la RAI (radiotelevisión italiana) y algunos bancos históricos.

Y los turistas llegaban en masa para colmar el vacío: 12 millones en el 2000 y la cifra ha ido subiendo desde entonces. La ciudad de los teatros, las iglesias, los conventos, los palacios nobiliarios y los burdeles se transforma en una gigantesco pastel internacional. Entre 1976 y el 2000 el número de pizzerías, restaurantes y pensiones aumentó en un 167 por ciento. También el de prostíbulos multirraciales.

¿Será cierto que Venecia envejece y muere a imagen de sus habitantes? Tal vez sí, tal vez no. Es difícil desentrañar tanto enigma en esta ciudad de laberintos físicos y psicológicos como los de las historietas de Hugo Pratt. Inestable como los equilibrios de su laguna. Venecia es la ciudad del ”tal vez”.

Volvemos por un momento a las obras “per sempre” de 1986 , porque también queda en el tal vez… si se hubieran seguido. El ingeniero Mazzacuratti presentó la exposición del proyecto al público de Venecia para acallar los más disparatados rumores y temores sobre las obras ya adelantadas.

El técnico-jefe explicó el funcionamiento de la maqueta gigante del laboratorio de Voltabarozzo y prometió  curar la polución en los canales que no abrazan las aguas de la laguna, por medio de estaciones depuradoras de un poder gigantesco hasta entonces desconocido en el Mediterráneo. Se preveía además, un dragado serio y bien estudiado de los canales para que corriera el agua pura del mar, aunque no potable. La zona de Venecia que ha quedado seca a través de este siglo por efecto de los residuos polucionados, sería entregada a las aguas del Adriático.

La gran línea de defensas se fue perfilando. Técnicos llegados de toda Europa fueron los responsables de la terminación del “progetto” así como de la ulterior vigilancia del mismo. En lugares estratégicos, desde la torre de las iglesias y edificios antiguos, los viejos venecianos vigilaban con prismáticos algo que se vislumbraban. El “progetto”, cual una benéfica hidra que el hombre fabricaba, tenía ahora miles de ojos.¿Pero veían realmente?

Un día no contabilizado ni por los historiadores, cuando el “acqua alta” se convirtió en “actua placata” el progetto tocó a su fin, sin discursos ni gestos. Se puede decir que Venecia se salvó del Adriático en 1987 al menos por un tiempo. Pero luego todo se bloqueó. Nadie sabe exactamente el por qué.

A Mazzacuratti y la Fiat suceden... 200 proyectos  y mil cien discusiones
 
De 1988 hasta hoy ha habido 200 proyectos concebidos a nivel municipal, regional, nacional e internacional, entrelazados que, incluso, compiten y polemizan, sobre el modo de salvar a Venecia y sus tesoros históricos y artísticos insustituibles para los hombres. El debate no contempló una amenaza posible a pesar de todo: la muerte de Venecia porque había proyectos y polémicas pero ni una sola solución definitiva. Un estudio del Censis, el Instituto de Sociología más conocido de Italia, realizó para “Venecia 2000“, una asociación constituida por empresarios del norte, se convirtió el gran Manual.

“Hemos aplicado el método denominado de opciones estratégicas, ya utilizado en otros sitios para ordenar el debate y ponerlo al alcance del público nacional e internacional, convencidos de que Venecia necesita menos de especialistas que de un compromiso general de todos para salvarla” dijo casi con solemnidad Giuseppe De Rita, presidente de “Venecia 2000” y director de Censis, al presentar el estudio.¿Otra vez sólo palabras?.

Para salvar Venecia se confirmaba, ante todo y para todos, que el abandono de la ciudad acosada por el agua, la contaminación, los enormes intereses particulares y de grupo, la decadencia socio-económica, el turismo, el avejentamiento de los nativos, el plazo corría inexorable. Según iban las cosas, cada vez habría menos residentes para contarlo, el año 2000 y ni siquiera las 75.400 personas que hemos citado de las que se han quedado en Venecia definitivamente 70.000.

El número de empresas locales habitantes continua en declive; el de turistas  pasó, en cambio,  de alrededor de seis millones a más de doce millones , de los que casi el 90%, visita la ciudad sólo durante el día, sin parase a dormir ni hacer gasto. Venecia se habrá hundido en el mar otros cinco o seis centímetros para mediados de este siglo y la plaza de San Marcos se inundará entre 60 y 90 veces, en lugar de las cinco o siete inundaciones que sufría a comienzos del siglo pasado.

El estudio del Censis distribuía luego los problemas en diez campos: ambiente, conservación, vivienda, funciones cívicas, turismo, actividades productivas, puerto, Marghera (la zona industrial),  arsenal (tradicional centro económico y militar  de la ciudad), por el que compiten proyectos industriales y turísticos alternativos y adyacentes. A la luz de los proyectos ya existentes, el Manual analizaba las posibilidades de actuación en cada campo, que se  sintetizaba en dos opciones diferentes.

El Manual para “Salvar a Venecia” reducía finalmente todas las actuaciones previstas a dos líneas alternativas de acción, que se oponen por las distintas prioridades que otorgan a estos campos. La línea llamada del “realismo concreto”  proponía intervenciones de emergencia sobre los problemas de la conservación monumental, la vivienda y la revitalización de Marghera como centro fuerte de la industria química, dejando en segundo plano los problemas del ambiente, relegados tras los del desarrollo económico y los del turismo.



La línea del llamado “pensamiento lateral” insistía, en cambio, en que la defensa del medio ambiente debía ser la clave tanto de la supervivencia física como de la regeneración económica de Venecia. Daba, en consecuencia, prioridad a las técnicas de lucha contra las mareas, a una nueva  definición de la función internacional de la ciudad y consideraba las nuevas funciones del puerto industrial de Marghera, no como centro químico sino como polo tecnológico limpio . No exactamente, pero un poco, el pensamiento verde se enfrentaba al pensamiento dólar.

El estudio del Censis se detenía ahí, tras destacar la interrelación de todos los problemas y definir las vías de actuación planteadas con la esperanza de que se movilizarían iniciativas ciudadanas y políticas bloqueadas por la complejidad de las incógnitas y por la variedad de las instancias administrativas llamadas a resolverlos. Hasta el punto de que buena parte de los  billones de euros movilizados por el Estado italiano en torno a este tema seguían sin ser utilizados.

2003: Berlusconi, firma e inaugura el plan “Moisés” con solemnidad

El plan “master” para evitar  otra repetición de una trágica inundación como la de Nueva Orleans disparó encendida discusión sobre el proyecto Moisés (Moise, en italiano), para salvar Venecia de una vez por todas y evitar que un día fuera tragada por las aguas del Adriático .La gigantesca obra de ingeniería, a cargo del nuevo Consorzio de Venecia que agrupaba a cuarenta poderosas empresas, la inauguró solemnemente Silvio Berlusconi  en el 2003 y dijo que debía finalizarse para el 2010 al costo de cuatro mil ochocientos millones de euros. Luego se dijo que no estaría lista hasta el 2014.

Pero Moisés nació en medio de  muchos críticas de opositores entre los que se hallaban una mayoría de los venecianos autóctonos que lo consideraron utópico e incluso peligroso, porque la laguna está totalmente contaminada de productos químicos usados en la agricultura y por los vertidos de petróleo. El proyecto había tenido una gestación de 20 años y consiste fundamentalmente en diques para aislar la laguna del Adriático.

Moisés no elimina ni lo intenta, las causas del “acqua alta” y se limita a paliar crecidas extraordinarias que pueden llegar hasta 110 centímetros. Sería útil tres o cuatro veces al año pero al quinto, puede ser el fin. Se ha olvidado el conocido dicho latino “Sublata causa tollitur efectum = Suprimida la causa se suprime el efecto”.Eso no estaba ni previsto. Y la causa es el “acqua alta” y la manera de subsanarla. Es decir esa marea va a seguir llegando a Venecia como antes, y conforme aumente el calentamiento global, las visitas serán más frecuentes. Según este “progetto” se deja al enemigo penetrar en casa y se “palian” los efectos, que son mucho más perversos que hace 50 años. Como decimos nunca se llegaron a estudiar las causas y por qué Venecia quedará inexorablemente cualquier día bajo las aguas.

 Eso lo ha dicho a “Tierramérica”, Federico Antinori, presidente de la Liga Italiana de Aves, afiliada a Bird Watch International. Pero el sistema de compuertas móviles (grandes cajones de 20 metros de ancho por 390 de alto y cinco de profundidad, instalado en las tres bocas de Venecia: Lido, Chioggia y Malamoccio, siguió su curso por un tiempo.

El Moises tenía gastos de mantenimiento altísimos y todos sus recursos quedaban absorbidos virtualmente por esta obra faraónica, dejando las arcas vacías para cualquiera emergencia. Pero aún hay más: un agujero de 115.000 millones de euros en las finanzas públicas dejado en herencia por el anterior gobierno de Silvio Berlusconi, paralizó de hecho los 19 subproyectos de las grandes infraestructuras de Moises. Según Giovanni Decconi, ingeniero del Consorzio Venecia Nueva,”Esta no es la solución definitiva, es sólo una forma de proteger la ciudad durante este siglo hasta que se encuentren otras soluciones”.

Algunos defensores de las compuertas-dice Andrea Rinaldo, un ingeniero de la Universidad de Padua que ha sido testigo de como su Venecia natal perdía casi la mitad de su población desde la inundación del 66, dice.”Si se quiere conservar la ciudad como un museo sólo para los turistas, no hace falta construir las compuertas. Pero si se quiere vivir en ella con sus residentes, trabajos y tiendas, etc..entonces hay que construir esas compuertas para proteger la ciudad”.

Rinaldo recuerda en la inundación de 1966 cómo la casa de su infancia seguía impregnada de gasóleo meses más tarde. Desde entonces él y muchos de sus amigos y vecinos abandonaron Venecia y se fueron a tierra fírme:”¡la gente se cansa de esperar 40 minutos en un callejón a que baje la marea y poder ir a su casa. Tienes miedo de morir en un barco-ambulancia que tendría que espererar hasta que el nivel del agua bajara lo suficiente para poder pasar por debajo del puente y así poder llegar hasta el hospital-dice.¿Has visto alguna tienda de ultramarinos en Venecia?.Ahora todas venden camisetas de muchos colores”.y concluye que si Rotterdam se protegió del mar,¿por qué no proteger Venecia?”.Y señalando un mapa de la laguna pegado en la pared, sentencia:”si se permite y se deja que la naturaleza decida, entonces en cincuenta o sesenta años Venecia dejará de existir”

El aumento de un 38% en el costo de las obras y la falta de reajuste financiero, dejó la situación en la categoría de alarmante. Las 72 gigantescas compuertas estaban ya hundidas en el mar y no quedó claro si las obras iban a continuar. Se terminarán las que habían sido ya empezadas, pero las demás..Tal vez…



La organización ecologista World Wildlife Fund (WWF) ha advertido que si el hombre no frena el cambio climático, las obras no servirán para nada. Ciudades como Lisboa, Oslo o Río de Janeiro podrían ser tragadas por el mar. Los expertos de las Naciones Unidas prevén un aumento del nivel del mar de 16 a 92 centímetros en este siglo. El aumento de las temperaturas en más de dos grados y medio a cinco grados, están provocando el deshielo de los glaciales en las áreas del sur del Antártico occidental y de Groenlandia y, hara ineficaz cualquier sistema de compuertas tipo Moisés.

Hablan los que saben: el quid del dilema es éste ¿se quiere de verdad “Salvar Venecia
de espaldas al calentamiento global, al cambio climático y a todo lo las organizaciones ecológicas vaticinan y lo han dicho hace tiempo?.
 
La WWF y las Naciones Unidas no están solas al considerar que el cambio climático llevará a nuevas conclusiones no previstas ni por el Plan Moises, ni en  planes locos como el de elevar en varios metros el nivel Venecia y otros.

 El German Advisory Council (organismo alemán de observación de los cambios climáticos) calcula  que con los deshielos de la Antártida (y el del polo norte) el nivel del mar podría aumentar hasta 190 centímetros y peligrarían además otras grandes ciudades como Londres, Sydney, Bombay…

Venecia es caso urgente, la primera en la lista negra del cambio climático. Ninguna de estas organizaciones ve la utilidad de Moises, ni se explica siquiera por qué se empezó.

Pero los que consideran la batalla  perdida antes o después ante el calentamiento global son tres ingenieros, de universidades norteamericanas. El primero es John Keahey, autor de “Venecia against the sea”. Por desgracia -dice- los gobiernos italianos son menos estables que sus homólogos holandeses (con el mismo problema) y han pasado años y años sin que hayan emprendido ninguna medida seria y consistente en los anegados terrenos de la laguna. Se necesitan muchos años para diseñar un proyecto que proteja la ciudad, pero los gobiernos italianos no duran más que un par de años. Es el estilo de la vida política italiana.

El plan que se aprobó en el 2001 se basaba en gran medida en el Proyecto Delta de los Países Bajos… Las compuertas protegerían de crecidas de hasta dos metros. Era una alianza de grandes empresas… y no una solución definitiva… En la isla importante de Burano, lugar de algunos famosos encajeros de Venecia, Insula construyó una serie de pequeñas compuertas que sólo proporcionaban protección para inundaciones de hasta 1,4 metros por encima del nivel normal de las aguas. ¡Pero si la inundación de 1966 superó en dos metros ese nivel normal, como lo harán las inundaciones causadas por el calentamiento global!

“El Consorzio se centraba demasiado en el proyecto de las compuertas porque es eso de lo que vive” -decía- Paolo Lombardi, de la sede del Fondo Mundial para la Naturaleza en Roma, y sería mejor reservar los recursos para emplearlos en restablecer las funciones de protección contra inundaciones naturales de la laguna.

Pronto llegaron otros dos grandes científicos: Albert Ammerman y Charles E. McClennen arqueólogos de la Universidad de Colgate de Nueva York y prominente figura de la arqueología italiana y En varios lugares de Venecia, halló claras pruebas de que todo el diseño del proyecto de las compuertas se basaba en supuestos falsos del problema “Hay errores básicos en los estudios científicos en que se basan las compuertas” -dijo- y luego exclamó, “¡Lo han distorsionado todo!”.

La realidad era ésta: Venecia se hundía mucho más rápidamente que lo que decían todos los estudios. En excavaciones arqueológicas realizadas en la ciudad, su equipo encontró muchos estratos de pavimento y cimientos que se habían ido construyendo a los largo de los siglos en un intento de mantener la ciudad por encima de las aguas, durante 1.600 años. Eso lo dedujo Ammerman gracias a novísimas técnicas de datación con carbono 14. El Consorzio subestimaba el índice de aumento del nivel del mar durante el próximo siglo y el dato era básico, pero ¿querían los del “progetto” saber la verdad?

Tras combinar la tasa de subsidencia a los largo plazo de Venecia, Ammerman llegó a la conclusión que el nivel del mar aumentará entre 30 y 100 centímetros con respecto a las calles de Venecia.

El problema es que de ser efectivas las compuertas, estas tendrían que estar cerradas con más frecuencia de lo calculado por los diseñadores. Po la razón sencilla de que las alcantarillas de la Venecia histórica desaguan directamente en los canales y en la laguna con poco o ningún tratamiento y los cierres frecuentes de la laguna, tendrían serias consecuencias medioambientales incluso para la salud.

En los tres meses de la temporada de inundaciones, las compuertas podrían estar cerradas unos 100 días. Y aún así la resultante crisis de contaminación acortarán la vida del proyecto a 30 o 40 años.

En resumen, según los científicos de la universidad de Colgate, los diques no se basaron en datos fidedignos, el ascenso del nivel del mar en este siglo será mucho mayor que el calculado en el estudio del “Celsis”.Trabajo inútil para tirarlo por la borda de una góndola en cualquiera de los canales.

El estudio oficial pura la instalación de las compuertas establecía los aumentos del nivel del Adriático hasta 2100 desde los 4,4 centímetros hasta el medio metro, siendo esta última cifra la única que tiene in mente algo del calentamiento global.

Pero con la subida de sólo 30cms. Las barreras dejarían de proteger a Venecia mucho antes del fin de este siglo y el continuado aislamiento de la laguna tendría efectos devastadores no solo para el ecosistema. Pocos han tenido en cuenta, que a corto o largo plazo, si lo del calentamiento global sigue el ritmo temido que la suerte de Venecia ya echada.

Mirando a otro sitio para saber lo que otros hicieron en circunstancias análogas

El mundo en estos casos debe mirar hacia otro sitio en busca de cualquier solución para preservar una ciudad costera. No a Venecia. La gente no se ha percatado de lo vulnerable que era la ciudad-tipo  hace más de 50  años. Ahora nos referimos a Holanda.

El 1º de febrero de 1953 una inmensa tormenta azotó la costa sur del país, se extendió hasta la desembocadura de los ríos y rompió los débiles diques. Fue una furia no mediterránea sino atlántica.

Una cortina de agua, muchas “acquas altas” a la vez  irrumpieron en el sur de Holanda y Zeeland, inundando ciudades y pueblos. Se ahogaron 1.300 personas. Desaparecieron 50.00 casas y un cuarto de millón de cabezas de ganado. El gobierno holandés dijo ¡Nunca más!.

La solución fue el proyecto Delta que ahora han estudiado los tres científicos últimamente mencionado respecto a Venecia.. Fueron necesarios 45 años más de 5.000 millones de dólares para concluir día a día el “prometo” y con el consenso de todos los holandeses. Se construyeron islas artificiales, un dique móvil de más de tres kms de longitud en las marismas de Zeeland Los ingenieros de todo el mundo compararon el proyecto Delta con la construcción de la Gran Muralla China, el proyecto Apolo. O lo que el usuario considere como importante y sobre todo realista.

De hecho Venecia pudo quizás tener una esperanza, de haberse mirado a si misma, y haber hecho examen de conciencia(ahora se le dice autocrítica) y haber considerado que la obra de tantas generaciones cuyo perfil que hemos delineado en este reportaje, y sobre todo la gente que vive en Venecia, no podía llevársela por delante  una ola o una “acqua alta” como las que producirá el calentamiento global, pero no lo hizo. Nunca dijo nadie en Venecia, con realismo y sin máscara “nunca más”.