El hábito del tabaco rebaja en cociente intelectual y es peligroso para el atleta




El estudio llevado a cabo por Mark Weiser ha determinado que los jóvenes que fuman puntúan menos en los test de cociente intelectual que los no fumadores. En el estudio se hizo un seguimiento de jóvenes de entre 18 y 21 años de edad que estaban alistados en un ejército de un país europeo. El estudio es el más completo que se ha hecho sobre el tema hasta la fecha. Demostraría una importante conexión entre el número de cigarrillos que fuman los jóvenes y su Cociente Intelectual (QI).

El promedio de QI de los no fumadores fue de 101, mientras que los fumadores dieron un promedio de 94. El QI de los jóvenes que fumaban más de un paquete al día fue aún menor, con un 90 en promedio. Los jóvenes eran sanos y no sufrían de ningún desorden mental.

"Los profesionales relacionados con la salud generalmente creen que los fumadores son el tipo de gente que suele tener con dificultades con el vecindario o que van a las peores escuelas” dice el científico Weiser, cuyos hallazgos han sido publicados en la revista Addiction. "Pero como el último estudio incluye individuos con distintos condicionantes socioeconómicos, y podemos descartar ese factor como importante. El gobierno quizás pudiera reestudiar sobre la asignación de recursos educacionales contando con el hábito de fumar."

Para lograr resultados más significativos el estudio midió además el efecto del tabaco sobre los hermanos. En los casos en el que el hermano no fumaba descubrieron que si un hermano no fumador registraba un QI más alto.

Aunque un QI más bajo podría sugerir mayor riesgo de adicción, el cruce de los datos obtenidos entre QI y el hábito de fumar mostró que la mayoría de los fumadores investigados en el estudio tenían un QI dentro del promedio.

El estudio tuvo en cuenta datos de 20.000 varones antes, durante y después de su servicio militar. Todos estaban en buen estado de salud al ser considerados aptos para el servicio por parte de las autoridades médicas militares. Un 28% fumaba más de un cigarrillo al día, un 3% se autoconsideraban fumadores y un 68% dijeron que no habían fumado nunca.




Weiser sostiene que el estudio ilumina una tendencia general en los estudios epidemiológicos. "La gente en el tramo más bajo del QI tiende a mostrar peores habilidades de decisión en promedio respecto a su salud". Añade que sus hallazgos pueden añadir preocupaciones a los consejeros escolares. Los niños que tengan un QI más bajo pueden ser considerados en riesgo de adquirir el hábito y pueden ser blancos de una educación especial o de una terapia que evite desde el principio la adquisición de la costumbre de fumar.

La gente con bajo QI no solamente son más susceptibles de fumar, según Weiser, sino que además son más propensos a la obesidad, a trastornos en la nutrición y al abuso de los narcóticos.

Este estudio añadiría pruebas a este campo de investigación en crecimiento y podría ayudar a padres, educadores y profesionales de la salud a ayudar a los jóvenes a tomar mejores decisiones.

La combinación con el deporte activo potencia los riesgos cardiorrespiratorios

Hay quienes piensan que piensan que si transpira en el gimnasio dos veces por semana o sale a hacer footing en el parque controlará los daños que produce el cigarrillo. Entonces debe saber que la actividad física, sumada al tabaquismo, no sólo no le dará resultado, sino que puede poner en riesgo su corazón y sus pulmones. “Es preocupante la falta de información al respecto que tienen las personas que fuman y hacen deporte o algún tipo de ejercicio físico en forma cotidiana. Ignoran por completo que el monóxido de carbono, presente en el humo del cigarrillo, los expone a daños inmediatos o a muy corto plazo”, aseguró el doctor Reynaldo Smith, director del Programa Antitabaco Respire del Hospital Británico. La lista de problemas de rápida aparición que provocan durante el ejercicio físico los residuos de ese gas venenoso en el organismo incluye desde broncoespasmos y falta de oxigenación suficiente de los tejidos hasta la aceleración exagerada y peligrosa de los latidos cardíacos y la respiración para la actividad que se realiza. Sucede que entre los efectos del monóxido de carbono está el de restarles a los glóbulos rojos el 15% de su capacidad de transportar oxígeno por el organismo. "Esto puede lesionar el corazón y el sistema circulatorio, y es un factor causal del aumento del riesgo de enfermedad coronaria en los fumadores", afirma la doctora Perla David Gálvez, de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, en una investigación sobre las consecuencias fisiológicas del tabaquismo realizada para la una sociedad latinoamericana de Información Científica

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Para el doctor César Di Giano, presidente de la Unión Antitabáquica Argentina (UATA), la utilidad del ejercicio para reducir los efectos nocivos del tabaquismo es uno más de los "falsos conceptos" de origen desconocido que se instalan en la sociedad, porque "carecemos de normas claras de salud pública que preserven nuestra salud". La Argentina no ratificó aún el Convenio Marco de la Organización Mundial de la Salud para el Control del Tabaco. "Fumar es uno de los diez factores de riesgo cardiovascular, pero hacer ejercicio no hará que disminuyan sus efectos sobre la salud. Para eso, hay que dejar de fumar y hacerse los estudios indicados -precisó Di Giano-. Este tipo de falsas asociaciones no hacen más que confundir a la población y reforzar la adicción." Peligrosa relación Tres estudios que suelen citar los especialistas que investigan sobre la actividad física y el tabaquismo demuestran que el tabaquismo y la actividad física establecen, por varios motivos, una peligrosa relación. Por un lado, un equipo de neumólogos del Departamento de Investigación en Tabaquismo y Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica del Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias de México estudió el rendimiento de los 680 corredores de la IV Carrera contra el Tabaco. Allí, los investigadores comprobaron que los fumadores y los ex fumadores demoraban más tiempo que los no fumadores en recorrer cada uno de los diez kilómetros de la competencia. Mientras que los primeros tardaban 5,75 minutos y los ex fumadores 5,15 minutos, los no fumadores necesitaron 5,02 minutos. "Estos resultados también permiten afirmar que si un deportista deja de fumar, su rendimiento será significativamente mejor que el de los actuales fumadores", escriben los expertos, a favor de la necesidad de promover la cesación tabáquica entre los aficionados a la actividad física. Los otros dos estudios llegaron a varias conclusiones: cuantos más cigarrillos se consumen por día, más bajo es el rendimiento físico; el tabaquismo comienza a reducir la capacidad de hacer ejercicio a partir de los 6 meses de haber iniciado la adicción; fumar 15 cigarrillos en 3 horas disminuye el consumo máximo de oxígeno y la capacidad máxima anaeróbica durante el esfuerzo. Todos estos cambios alteran la función cardiovascular, aumentan la presión sanguínea, desequilibran la distribución de oxígeno en el organismo y alteran la ventilación y la circulación de la sangre en los pulmones. Según los especialistas, la mayoría de estas alteraciones se deben a la acción del monóxido de carbono y la nicotina. "Al principio puede ser que el fumador sienta que recupera más capacidad cardiorrespiratoria que cuando era sedentario -dijo Smith-.

 Se va a sentir bien, pero solamente por un tiempo, y luego decaerá nuevamente porque la actividad física regular no borra las consecuencias de la adicción. De un día para el otro volverá a tener los síntomas de quien fuma y nunca hizo ejercicio." Los especialistas consultados coincidieron en que los fumadores "deben comprender" que hacer actividad física "no contrarresta, frena ni mejora" la capacidad cardiorrespiratoria cuando se realizan los exámenes clínicos de fuerza y resistencia. "En los fumadores, el ejercicio no actúa como un remedio de la adicción. Tienen que abandonarla primero y consultar al médico para saber qué actividad pueden hacer algo que no dañe el sistema cardiorespiratorio


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