Los biocosméticos de Japón valen oro. Son imposibles de imitar pues sus técnicas naturales tienen siglos

Desde hace algunos años, se asiste en Japón a una verdadera escalada en la industria de las biotecnologías. El slogan es ‘ sea bella sin arriesgar su salud’ porque hay tales falsificaciones de cosméticos que no sólo no son bios sino que conllevan enfermedades a veces graves de la piel. No pasa un día sin que la tv nipona anuncie un nuevo invento basado en alguna flor o raíz asiática. Por ejemplo, se acaba de lanzar una mascarilla facial de oro de 24 Kilates.


Hace apenas una semana, durante una de las ferias cosméticas más importantes de Japón celebrada en Tokio, se presentó el Umo Inc, un curioso tratamiento facial realizado con oro de 24 kilates.

Se trata de un revolucionario tratamiento que funciona como mascara facial purificante. Mejora la elasticidad de la piel y disminuye las arrugas.

Pero eso no es todo, como se pueden imaginar cada mascarilla no es precisamente barata, aproximadamente 300 euros.

La sociedad Kanebo (conocida por la fabricación de perfumes, lápices labiales de hasta doce colores naturales diferentes) siempre está en la brecha de lo novedoso. Ahora, los precios son en occidente prohibitivos. El éxito está ayudando mucho a la economía de Japón que tiene hoy muchos agujeros negros. En general, los médicos que son en principio desconfiados respecto a los cosméticos los recomiendan siempre que sean naturales.

El procedimiento de fabricación es diferente de todo lo que era hasta ahora conocido. Es la confección de esos productos a base de un cultivo celular del pigmento de vegetales de colores que van de rojo intenso al violeta. Se llama ‘ Shikonina’ porque el producto está basado de la extracción de una raíz de una bella flor nipona llamada onoquiles a la que cantaron ya hace 1.200 años los poetas del ‘ Manyo-shu’ la antología más antigua de Japón.

Una sociedad se dedicó a cultivarla masivamente y tras ocho años de experimentos semisecretos y de estudios biológicos ha logrado poner a punto el cultivo celular de la ‘ Shikonina’ . Alentada por este éxito la sociedad Kanebo se lanzó a extender su dominio también en ese terreno y comenzó a cultivar tejidos del ‘ geranio oloroso’ planta aromática occidental muy conocida en toda Europa especialmente en Holanda donde es una industria. En el terreno de la multiplicación de células de plantas aromáticas se trata de uno de los primeros logros mundiales. Luego han venido otros olores como el del jazmín, la rosa, el clavel, etc...

Los Estados Unidos y Francia están muy por detrás en esa técnica de sinterización

Otras sociedades niponas, como la Shiseido muy famosa en occidente, han ido incluso más lejos han logrado reducir masivamente el ácido hialurónico cuya principal virtud es la de rejuvenecer la piel humana. Y la producción de cosméticos a base de ese ácido está ya a nivel industrial internacional. Como se sabe la piel humana se va secando con la edad a falta precisamente de esa sustancia que la cosmetología occidental como la de los Estados Unidos, Francia e Italia no han podido sintetizar nunca.


Las cremas de nuestros mercados cada vez más caras están fabricadas con menos mezclas químicas que en viejos tiempos pero no son biotécnicas ni de lejos. El único medio de conseguir algo parecido en Europa, era a base de extracto de crestas de gallo pero su precio por kilogramo se elevaba cuando existía esta práctica a medio millón de pesetas. Por eso, era ruinoso y se terminó.

Por un procedimiento demasiado complicado para explicar y sin duda también secreto la Shiseido ha conseguido por mutaciones la producción del ácido hialurónico. Las nuevas epidermis faciales para hombres y mujeres están en vías de industrialización y existe una dura competencia en la cosmetología occidental porque se quiere que un día compita con la cirugía estética. Y eso es muy difícil.

La mujer occidental está a la espera de cosméticos biológicos porque en eso, el retraso, respecto a los asiáticos y sobre todo Japón es de siglos. La gente de la calle en Tokio por ejemplo nota el mejoramiento del cutis de las mujeres niponas. Sobre todo cuando se las compara con visitantes de países europeos. Los japoneses hace tiempo que se han sacado de encima aquello que se decía en occidente de que sólo sabían ‘ copiar’ . Ahora, en cuanto logran una invención notable la lanzan y siempre quieren llegar más lejos. La industria de los biocosméticos tiene ahora laboratorios de biólogos profesionales que se dedican las 24 horas a lo que se llaman ‘ juegos técnicos’ . Y aunque esta industria comenzó hace relativamente pocos años está hoy en primera línea, sólo que utilizan también flores occidentales.


Según una encuesta realizada por el MITI (Ministerio de la industria y del comercio exterior de Japón) en el año 2000, había 185 empresas de cosméticos las cuales habían adoptado las nuevas técnicas. Prohibidas las mezclas químicas. Y de esas empresas 75 se dedicaban a las manipulaciones genéticas. Se trataba ya, no tanto de lograr un dinero fácil sino de desarrollar un procedimiento nuevo, ya que la investigación por sí sola, es ruinosa. En el Japón una nueva firma farmacéutica nueva tiene que depositar en un breve plazo una petición para la fabricación de cualquier producto. Hay algunas como dos que fabrican insulina humana por ingeniería genética que han tenido que sufrir una investigación del Ministerio para que el permiso le fuera concedido.

Las cosas han evolucionado tan deprisa que en enero del 2005 el Congreso norteamericano publicó un informe titulado ‘ La comercialización de las biotecnologías’ . En él se hacía notar que no había nación capaz de alcanzar el liderazgo de los japoneses en ese campo y animaba a la industria norteamericana a hacer un esfuerzo quizás oneroso. El mismo informe en su sección de análisis internacionales subrayaba que Japón posee ya una tradición en la técnica de la fermentación para la producción del saké miso, etc... ‘ sorprendentemente ingeniosa’ y está a la cabeza en la producción de aminoácidos y de antibióticos con técnicas microbiológicas.