La avidez de los petroleros por el oro negro puede generar un Mar Ártico Muerto con todos sus habitantes 



En septiembre de 2012 el Ártico alcanzó su mínimo histórico de hielo. De continuar la tendencia de deshielo, no sólo habríamos destrozado el hogar de los cuatro millones de personas que suman los pueblos indígenas sino que acabaríamos también con la enorme belleza y riqueza natural que alberga, incluyendo los osos polares, las focas o las ballenas, los pingüinos sino que. Pero, aunque nos enfrentáramos a la oposición de gobiernos y multinacionales, se precisa una movilización mundial para lograr que los países limítrofes y la ONU los protejan.

¿Por qué es tan importante que el hielo se mantenga? El hielo refleja gran cantidad de calor solar hacia el espacio y mantiene así fresco el planeta y estabiliza los sistemas meteorológicos. Actúa también como aislante de la temperatura del Mar Ártico. Por ello, lo que sucede en el Ártico repercute a nivel global. Por tanto, proteger el hielo significa protegernos a todos.

En Europa, el aumento de las temperaturas y la bajada en las precipitaciones está empeorando nuestros hábitats naturales, muchos de los cuales podrían desaparecer tal  como hoy los conocemos, y afectará a su flora y fauna, además de a actividades económicas como muchas industrias, el turismo o la producción de vegetales y la cría de animales. El aumento de incendios, enfermedades infecciosas y plagas son otros impactos que podrían derivarse del cambio climático.

El deshielo está haciendo navegable, y por tanto susceptible de explotación petrolífera, una mayor parte de la superficie del Ártico. La extracción de petróleo supone una liberación de más gases de efecto invernadero, que alimenta el cambio climático, produciendo más calor y más deshielo. Además, la región se arriesga a sufrir un vertido de petróleo que sería imposible de atajar en las condiciones extremas del Ártico y su región, y pondría en peligro su delicado ecosistema, como la catástrofe del Exxon-Valdez, en 1989. Por otra parte, el afán de los países limítrofes de explotar los recursos petroleros y pesqueros está provocando una amenaza real de conflictos bélicos. Países como Rusia y Noruega ya han anunciado “batallones por el Ártico” para luchar por sus intereses nacionales en el área.

¿Qué soluciones hay contra un vertido de petróleo en el polo norte?

La quema de combustibles fósiles es el principal causante del cambio climático. Por lo que la solución es acabar con la dependencia del petróleo para mantener el aumento de la temperatura por debajo de los 2º C, el umbral que marcan los expertos para evitar los peores efectos del cambio climático. Los científicos nos recuerdan también que debemos alcanzar el pico de emisiones de gases en esta década, por lo que no podemos seguir abusando de este tipo de energías.

La solución pasa por la declaración de un santuario global en el Ártico que prohíba la extracción de petróleo y la actividad militar en la zona, y que regule las pesquerías y el tráfico marítimo en aguas polares. Los expertos nos recuerdan que los yacimientos que aún están sin explotar deben permanecer en el subsuelo y que habría que desarrollar energías limpias y renovables que, además de crear millones de nuevos puestos de trabajo, podrían proporcionar energía a los dos millones de personas que actualmente carecen de acceso a cualquier servicio energético.

Los países miembros del Consejo Ártico deben tomar la iniciativa para proteger el Ártico. Pero además, las aportaciones de los países no árticos son vitales. La UE también tiene un importante papel ya que existen países con territorio y fronteras árticas, además de otros muy próximos y con actividades comerciales vecinas.

Explotación de petróleo en el Ártico: ¿necesidad estratégica o campo de minas medioambiental?

Las crisis del Oriente Medio, principalmente la guerra en Siria y el permanente conflicto israelí-palestino y otros han generado un “terremoto” de inestabilidad geopolítica, cuyos primeros temblores y movimientos sísmicos pueden observarse en el mercado de petróleo. Al inicio de las crisis, el precio del Brent subió un 15% hasta alcanzar los 120 dólares a fines de 2012. Las promesas de producción de Arabia Saudí lograron rebajar ligeramente los vientos  hasta los 114 dólares al cierre de los mercados en 2013.

El factor miedo a la inestabilidad en el precio del petróleo es el primer síntoma. Las réplicas que deja este “seísmo” en los mercados se notan de forma inmediata. Ante la subida de los precios las ambiciones occidentales centran sus miradas en los lugares dónde potencialmente se encuentran todavía las mayores reservas de crudo del mundo, lo cual es obvio. Uno de estos puntos clave es el Ártico. Según afirman los expertos, la vasta región del Ártico es, probablemente, “la única gran fuente de hidrocarburos sin explotar del planeta”.



Se reabre de forma constante la posibilidad de explotar los ricos recursos de hidrocarburos del Ártico. La región se enfrenta a su propia paradoja: el deshielo producido por el cambio climático acrecienta la posibilidad de que se acceda a un petróleo antes remoto. Su explotación también agrava los efectos del calentamiento.

“Y el desarrollo de los conflictos en Oriente Medio pone mayor énfasis en este tema”, ha declarado Kuupik Kleist, primer ministro de Groenlandia, en una rueda de prensa en Otawa (Canadá), según la agencia Reuters.

Groenlandia, con un gobierno autónomo que forma parte de Dinamarca, es uno de los cinco principales actores en el reparto del petróleo que queda. Pero Canadá, EE UU, Rusia y Noruega también quieren su pedazo del pastel. ¿Qué factores, políticos, económicos, tecnológicos, y medioambientales se encuentran en el camino? Las petroleras hacen caso omiso a las consecuencias de esta explotación, como si no  se produjeran.

“Durante las tres últimas décadas de exploración de petróleo en el Ártico se han encontrado más de 200.000 millones de barriles de petróleo. Se estima que todavía hay 114.000 millones de barriles de petróleo no descubiertos y 56 billones de metros cúbicos de gas natural”, ha explicado Alaistair J. Fraser, presidente del Instituto de Energía y Geociencia de Petróleo en el Imperial College de Londres (Gran Bretaña). “si estas estimaciones son correctas, las reservas de petróleo del Ártico equivaldrían a una quinta parte de todo el petróleo no descubierto en el mundo”.

La citada paradoja del Ártico: los recursos que antes eran inaccesibles son cada vez más fáciles de adquirir debido al cambio climático y el deshielo acelerado. Pero, si las petroleras aprovechan esa coyuntura, el cambio climático se acelerará en la región.

El Ártico es uno de los tesoros del planeta con una importancia medioambiental vital. “Tenemos el desafío técnico de explotar y producir hidrocarbono en un área dónde el hielo era eterno”

La zona se calienta a una velocidad tres veces mayor a la del resto del mundo, lo que implica que los ecosistemas de la región caminan, inexorablemente, hacia cotas de no retorno. Por la aceleración de la pérdida de hielo que se ha registrado, se producirán cambios abruptos en muchos de sus ecosistemas.

El  mes de enero 2013 Alaska  registró bajos históricos en la capa de hielo. Según datos del Centro Nacional de Nieve y Datos de Hielo de EE UU, ese mes se midieron 14,36 millones de kilómetros cuadrados, una cifra incluso inferior al mínimo registrado en 2005. Cada verano la capa se deshiela para volver a congelarse en invierno. Pero el ritmo de deshielo se ha acelerado y el del congelamiento ha descendido, lo que provoca una pérdida de hielo.

Las petroleras están atentas a los “la suerte del deshielo”: y las actuales mediciones por satélite marcan un record en el derretimiento del hielo ártico, lo que constituye una facilidad añadida que beneficia a las sedientas compañías petroleras que tienen así un mejor acceso a estas regiones. Por ejemplo, científicos del National Snow and Ice Data Center de Estados Unidos han detectado un agujero del tamaño de Texas en el corazón del Mar de Beaufort, en Slope Norte, y que el Pasaje Noroeste en la frontera de Alaska con Canadá está libre de hielo

A las consideraciones ambientales para explotar estos recursos se unen las sociales y políticas. El Ártico lo habitan uno cuatro millones de personas. Un 15% de la población lo constituyen las tribus indígenas, que tienen derecho a los recursos naturales de la tierra en la que habitan, que además les pertenece legalmente.

Afortunadamente las dificultades técnicas todavía son evidentes, porque todavía no existe la maquinaria ni el conocimiento para llegar a los límites del reino del hielo. “El potencial para los petroleros está ahí, pero supone nuevos riesgos. Los costes son más altos,  que en ninguna otra parte y el verano corto”, ha dicho casi con alivio Manouchehr Takin, analista del Centro de Estudios Globales de Energía.

Los expertos creen que la mitad de los recursos petrolíferos aún sin descubrir, aparte del gran agujero del Mar de Beaufort, podrían hallarse en la Alaska Ártica, en la cuenca de Amerasia y en las cuencas de la Falla del Este de Groenlandia. El mayor potencial petrolífero podría estar en el Mar de Pechora (Rusia), la Bahía de Baffin (Canadá) y en Slope Norte (Alaska, Estados Unidos). Según el informe del USGS, el 84% de estos recursos se hallaría a poca distancia de la costa

A pesar de todo, los analistas y expertos consultados por esta web afirman que la idea de la explotación del Ártico va a ser cada vez más común en los próximos 40 años, en función de la aceleración del deshielo. Pero como decimos no será fácil. “Aprovechar los considerables recursos de la conocida como ‘frontera final’ va a estar cargado de desafíos técnicos, políticos y medioambientales, y necesitará, en el próximo medio siglo, de la participación activa de científicos y políticos con vocación medioambientalista”, ha concluido Fraser

El equivalente al 25% de las reservas sin descubrir, 400.000 millones de barriles de petróleo, son técnicamente recuperables. Se trata de las estimaciones más objetivas de lo que se esconde en el subsuelo Ártico. Hasta ahora, las dificultades de extraer estas reservas frente a otras explotaciones habían frenado su interés.

 Sin embargo, la subida de precios por una crisis energética que parece cada vez más cerca está acercando su posible explotación masiva. Frente a ello, algunos expertos y organizaciones ecologistas han advertido de las dificultades técnicas y de los posibles impactos medioambientales que supondría.

Aunque algunos estudios apuntan a cifras más bajas, las cantidades siguen resultando muy apetecibles para los insaciables. Por ejemplo, un informe del Instituto de Investigaciones Geológicas de Estados Unidos (USGS) estima que el Círculo Polar Ártico podría atesorar el 13% de las reservas aún sin desvelar, suficientes para saciar la demanda mundial de crudo por unos tres años.

Asimismo, el informe asegura que esta zona podría tener tanto gas natural como Rusia, el país con las mayores reservas del planeta (más de una cuarta parte del total mundial). Y sin olvidar la gran cantidad de valiosos minerales que podrían ser un negocio de miles de millones de euros. Algunos grandes descubrimientos de gas ya se han realizado en el sur de la península de Yamal y el mar de Kara (en Rusia) y en el este del Mar de Barents y alrededor de la mayoría del Ártico canadiense.



No obstante, el objetivo no parece tan sencillo. Expertos como Carole Nakhle, del Centro de Estudios Energéticos de la Universidad de Surrey, subrayan las dificultades técnicas y las posibles consecuencias medioambientales, lo cual no es obstáculo para la codicia de esas gentes. Los científicos de Surrey, consideran que sólo serían competitivas dentro de unos años, en un escenario de escalada de precios y de escasez progresiva, unido a la mejora de los sistemas de extracción.

Las organizaciones ecologistas muestran su inquietud por el impacto medioambiental que podría suponer la extracción masiva de estos recursos.

Las comunidades humanas autóctonas, tendrían que hacer frente no sólo a las consecuencias del cambio climático, sino también a los impactos de la actividad petrolera. Y especies salvajes como el oso polar, en peligro de extinción, por poner un ejemplo, desaparecerían.

El resto del mundo saldría perdiendo, advierten por ejemplo desde Greenpeace, ya que se podrían dañar ecosistemas que quizás nunca se recuperarán. Además, las consecuencias del cambio climático en el Ártico podrían suponer cambios en las corrientes marinas, tormentas y oleajes más violentos, entre otros efectos.

Asimismo, algunos expertos recuerdan la catástrofe del Exxon Valdez, el superpetrolero que en 1989 derramó en la bahía de Prince William Sound (Alaska) 37.000 toneladas de hidrocarburo, causando la muerte de miles de aves y mamíferos marinos.

El Fondo Mundial de la Naturaleza (WWF) ha pedido a las compañías petroleras la mejora de sus sistemas de extracción y control de posibles derrames, una asignatura pendiente para estas regiones árticas. Por ejemplo, desde WWF explican que no hay una tecnología capaz de limpiar un derrame en el hielo en la oscuridad del invierno ártico. Por ello, solicitan la detención de los programas de exploración árticos hasta que no se cuente con garantías suficientes para evitar posibles impactos como el derrame del Golfo de México.

La lucha por la explotación del petróleo en el Ártico comenzó en los años 20, en la región canadiense de Norman Wells.

En la actualidad, el interés de los países que rodean el Océano Ártico (Estados Unidos, Canadá, Rusia, Dinamarca y Noruega) e incluso de otros países como China, India o Japón, está creciendo en sintonía con los signos de la crisis energética.

Estados Unidos permitía la explotación energética de una reserva que posee en el norte de Alaska, una región protegida hasta ahora frente a tales prácticas, y que podría contener unos 3.700 millones de barriles de petróleo. Las primeras extracciones  comenzaron débilmente entre 2010 y 2012, para aliviar además los problemas de abastecimiento del sistema de oleoductos de Alaska. No obstante, también se decidió a mantener libre por una década más la zona norte del Lago Teshekpuk, hogar de miles de caribúes y millones de aves acuáticas.

Los movimientos por el dominio de esta zona de mundo empiezan a ser cada vez más evidentes. El año pasado, Rusia colocaba su bandera a 4.200 metros de profundidad del océano Ártico para hacer evidente su control sobre una vasta cordillera submarina de la zona. Canadá está construyendo navíos patrulleros para defender su soberanía en el Ártico; Estados Unidos ha anunciado la fabricación de dos nuevos barcos polares; y Dinamarca ha enviado una misión para saber hasta donde puede llegar por Groenlandia.

En este sentido, algunos políticos europeos han advertido de que el control del Ártico podría provocar conflictos entre Europa y Rusia. Por ejemplo, Noruega lleva décadas de disputas sobre las fronteras en el Mar de Barents, donde los rusos cuentan con el gigantesco campo de gas Shtokman. Por su parte, los noruegos han puesto en marcha recientemente el proyecto Snohvit, un sistema de extracción de gas por licuefacción y captura del CO2 sobrante.

Greenpeace se ha comprometido a combatir a la flota rusa que trata de extraer gas para conseguir el monopolio mundial de gas

El objetivo de la campaña de Greenpeace a largo plazo es la creación de un santuario en el Ártico. Greenpeace va a trabajar con gobiernos afines y con pueblos indígenas para presionar por su creación. Los líderes mundiales se reúnen cada mes de septiembre en la sede de las Naciones Unidas, en Nueva York, y el objetivo de los ecologistas de varios países es que la Asamblea General de la ONU apruebe una resolución que exija la protección legal global para el Ártico. Eso significa persuadir a más de la mitad de los gobiernos del mundo para que entiendan la necesidad del santuario. Durante toda la campaña Greenpeace no solo trabajará a nivel político, sino que unirá fuerzas con el apoyo de personalidades mundiales y otras ONG. La movilización ciudadana también será vital para ejercer esta presión.



Respecto a España, hasta ahora el gobierno no se ha pronunciado respecto a la protección del Ártico, mientras que otros países, como Finlandia, ya han aprobado estrategias para proteger el Ártico. España tiene un papel de observador dentro del Consejo Ártico, el único foro circumpolar para las discusiones políticas sobre cuestiones relativas a esa zona, y en el que participan todos los estados del Ártico y sus pueblos indígenas. Los ecologistas necesitan de todos y opinan que España tiene que asumir una posición de responsabilidad en la protección del Ártico, impulsando la creación de un acuerdo legal y vinculante

Gobierno de Moscú suspende actividades de la asociación indígena más grande de Rusia

Rusia quiere tener las manos libres respecto a sus exploraciones de petróleo. Pero la Asociación Rusa de Pueblos Indígenas del Norte (Russian Association of Indigenous Peoples of the North, RAIPON), protesta por su supervivencia. Así que Moscú suspendió sus actividades acusándola de no cumplir con la ley federal. La motivación oculta de la decisión sería el intento del gobierno de silenciar las voces de los pueblos indígenas que se expresan contra los impactos de la extracción de petróleo en el Ártico ruso.

RAIPON denunció que con esa decisión el Ministerio de Justicia está violando la ley a causa de un detalle técnico en sus estatutos, a pesar de que la asociación ha estado trabajando en Rusia desde hace más de 20 años.

La organización internacional Greenpeace hizo un llamado a rechazar con urgencia el atropello del gobierno ruso y defender el derecho de los pueblos indígenas a participar en el debate político, incluso cuando sus demandas para proteger el Ártico vayan en contra de la posición oficial rusa.

El pretexto para la suspensión es una regla administrativa que estipula que “las organizaciones de toda Rusia” tienen que estar operando en más de 50 por ciento de las provincias rusas, lo cual significa por lo menos 42 de 80. Las autoridades rusas no toman en consideración que RAIPON representa a muchas tribus y grupos que no tienen estatuto legal alguno como, por ejemplo, los criadores de renos.

RAIPON es la mayor asociación de los Pueblos Indígenas del Norte de Rusia, y ha trabajado en paz dentro de sus estatutos durante 22 años. Promueve y protege los derechos de los 41 grupos, uniendo a 300.000 personas que no se expresan o participan a menudo en la arena política.

Greenpeace señala que se puede argumentar legítimamente que RAIPON sí opera en más de 42 provincias, actuando como una voz crítica para entidades rusas. No puede ser que una voz tan importante se vea forzada a disolverse por una cuestión meramente técnica” expresó Kumi Naidoo, director ejecutivo de Greenpeace Internacional.

Kumi Naidoo, envió una carta al presidente Putin pidiéndole que intervenga y suspenda la decisión que es sumamente inquietante. “RAIPON ha sido firme y valiente para ayudar a dar voz a los pueblos indígenas de Rusia – tanto a nivel nacional como internacional. Donde los pueblos indígenas se atreven a alzar la voz deben ser apoyados y capacitados, no castigados por su valentía” expresó Naidoo.

Si no se anula la suspensión el mundo observará la decisión como “una maniobra cínica” para silenciar a quienes hablan acerca de los impactos de la explotación petrolera. Mas aún, si RAIPON es miembro del Consejo del Ártico desde que se constituyó en 1996.

La suspensión de las actividades de RAIPON se conoció de manera sorpresiva en la víspera de una importante reunión del Consejo Ártico en Haparanda, Suecia, del cual RAIPON es un miembro permanente del Consejo.